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A tiempo completo y sin sueldo

   

La crisis y la escasez de plazas de las guarderías públicas, entre otros factores, hacen que los abuelos sean imprescindibles. | FRAN PALLERO

INMA MARTOS | SANTA CRUZ DE TENERIFE

Son las 11 de la mañana de un jueves y en el santacrucero parque García Sanabria la mayoría de los niños que se ven, que no son muchos, están acompañados de uno de sus abuelos. Algunos son hombres que pasean carritos de bebés o que ayudan a los niños a subir, bajar o balancearse en los columpios. Parecen en forma, a pesar de su condición de abuelos. En verano es cuando los padres lo tienen más complicado para conciliar trabajo y familia por el cese del curso escolar, así que son ellos, los abuelos, quienes asumen la responsabilidad de sus nietos en ausencia de los progenitores. Algunos niños acuden a campamentos que los hay a cientos en esta época, pero la crisis económica impide a muchas familias afrontar el gasto que esto supone.

“Gran responsabilidad”

Asunción tiene en una mano la muñeca de su nieta y en la otra, los zapatos y el bolso colgados al hombro. Habla mientras corre tras la niña, con un ojo puesto en ella y el otro, en su interlocutora. “Es una responsabilidad muy grande y no me puedo descuidar ni un momento”. El hijo y la nuera de Asunción están trabajando y vendrán a recoger a la niña, una vez haya comido, sobre las tres de la tarde. A pesar de que el trabajo es cansado, no se queja porque le encanta pasar tiempo con su nieta.

La crisis también afecta durante el año a los abuelos, que no pudiendo costear los padres las guarderías privadas y, a causa de las insuficientes plazas de las públicas, se convierten en criadores, cuidadores y educadores de sus nietos a tiempo completo. Un estudio premiado por la Fundación Caja Madrid revela que la mitad de los abuelos españoles cuidan a sus nietos una media de siete horas diarias. Siete horas con la vitalidad de un niño encima de las espaldas cansadas de toda una vida trabajando, criando y educando a sus propios hijos. Para la doctora en Psicología Evolutiva y profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona, Juani Mesa, “los abuelos están en otra etapa de la vida y no tienen las fuerzas que requiere educar a un niño”. Claro que el medio laboral no se adapta a las circunstancias de las familias y “la conciliación de trabajo y familia, lejos de ser un hecho, parece cada vez más lejana si cabe, a causa de la crisis económica”, explica Mesa. Además de faltarles las ganas y las energías, ocurre también, comenta la psicóloga, que “tampoco tienen los conocimientos porque se encuentran con un salto generacional y en muchas ocasiones los niños terminan siendo malcriados o sobreprotegidos”. “Se da el caso de que la mayoría de las parejas tienen solo un hijo y muchas veces son los únicos nietos por lo que se les consiente todo”, asegura.

Función

La función del abuelo, aclara Mesa, “es disfrutar de que sus genes se han perpetuado y de consentirles en los ratitos que pasen juntos para disfrutar el uno del otro, pero no educarles y ejercer de cuidadores, o correr detrás de ellos o cogerles a lo mejor con la cadera hecha polvo”. “A esto se une el problema de que los hijos no se sienten con autoridad moral para darles a sus padres unas pautas de educación de los niños porque al fin y al cabo, están trabajando gracias a ellos”, dice.
Alicia tiene tres nietos y uno a punto de ver la luz. Para sus hijos, sus yernos y nueras es como un comodín. Cuando cualquiera de ellos se encuentra en un apuro la llama para que le eche una mano con los niños. En su caso, está encantada con la labor y aunque reconoce que muchas veces agotan. “Al día siguiente estás deseando que te los vuelvan a traer porque te aportan mucha alegría”, dice. Esta abuela comenta que sus hijos son conscientes de que no se puede abusar, pero conoce casos en los que los abuelos, tras tener a sus nietos de lunes a viernes, también se los dejan en fin de semana y “esto me parece una frescura”.

Los abuelos están para todo, y más en verano. | F. P.

[apunte]Los abuelos que ejercen de padres están renunciando a vivir plenamente esta etapa de la vida que podría ser un reencuentro con la pareja, o el disfrute del síndrome del nido vacío, de su libertad y su tiempo de ocio. Juani Mesa lo tiene claro; “Es el Estado el que se aprovecha de los abuelos, porque mientras haya quien les saque las castañas del fuego, no hay que hacer más guarderías, ni ofrecer empleos dignos o leyes para la conciliación reales”, apostilla. Según estima la psicóloga, “ya no podemos seguir teniendo esa imagen idílica del abuelo que mima a los niños dos veces por semana, porque ahora tienen el peso de la educación”. [/apunte]

La otra cara de la moneda está en casos como el de María que no quiere dar su nombre real porque teme represalias de su nuera, ahora que por fin ha conseguido que ésta le deje ver a su nieta Carla. “Es una mujer muy celosa; ya lo era con mi hijo y por eso se divorciaron, y ahora lo es conmigo por la niña”, dice. Ha llegado a estar más de diez meses sin verla, y aunque lo ha pasado muy mal, la relación entre ella y su nuera era tan mala que ella tampoco daba ningún paso para arreglar la situación, aunque supiera que esto le supondría no ver a Carla más. A menudo María se encontraba a su nieta por la calle de mano de sus abuelos maternos con quienes pasa la mayor parte del tiempo, ya que su madre trabaja muchas horas y “me preguntaba por qué ellos tienen más derechos que yo”, indica. “Luego, las circunstancias de la vida propiciaron algunos encuentros fortuitos, hasta que las cosas volvieron a su cauce, pero no descarto que vuelva a suceder algo y se produzca una nueva separación”, dice María. Además, en su caso, ella vive sola y Carla es su única nieta.