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domingo cristiano > por Carmelo J. Pérez Hernández

Auditoría a la diócesis

   

Tranquilos. No hay problemas con Hacienda en la Iglesia que peregrina en nuestras Islas. Ni estamos metidos en negocio turbio alguno. Pero a partir de este septiembre, la comunidad ha decidido someterse a una intensa auditoría de tipo no contable. Será una hora revisión sobre la vida, los proyectos y los objetivos de futuro. Así, los católicos de Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro afrontamos con la llegada del nuevo curso la puesta en marcha de un nuevo Plan Diocesano de Pastoral. Conocemos sus rudimentos y, a falta de concretar su puesta en marcha con la ayuda de todos, me resulta ilusionante. De igual forma, cabe decir que sería brutalmente decepcionante que se quedara en nada, como otras tantas realidades que a veces ponemos en marcha. Me refiero a todos, no solo a los responsables diocesanos.

Concretando, los próximos años nos embarcamos en la aventura -sin duda es una aventura- de abrir un hueco a la nueva evangelización en nuestra Iglesia local. No es que el Evangelio sea nuevo, ni que Jesucristo haya cambiado. La novedad viene dada desde nuestra parte, desde la vida de los creyentes, la acción de los agentes de pastoral y el día a día de las comunidades y grupos. Nuevos han de ser nuestros empeños para anunciar a Cristo en medio de una sociedad que ya ni siquiera abomina del hecho religioso, salvo dos o tres descerebrados intolerantes. Lo que ahora toca es encontrar un espacio para Dios en unas islas ampliamente habitadas por personas convencidas de la irrelevancia de la fe. Nuevo ha de ser nuestro ardor misionero para no descansar hasta encontrar un lugar para Dios en medio de quienes consideran inútil su presencia. Esta tarea me parece apasionante.

Igualmente histórica será la tarea de diagnosticarnos a nosotros mismos, a nuestras parroquias, grupos, movimientos, cofradías, esclavitudes, el clero, los religiosos… con el fin de detectar en qué medida lo que hacemos ya no responde a las necesidades y la sensibilidad de los hombres y mujeres de este momento. Hemos de concretar cuáles de nuestras actividades y acciones les alejan más que les acercan a Dios. Y buscar nuevos caminos. Y también nos toca meditar sobre nuestras formas, nuestras maneras, nuestras estructuras, nuestras prioridades, nuestros templos, nuestro uso del dinero, nuestras manifestaciones públicas de la fe, nuestros estilos, nuestra forma de celebrar lo que creemos, de acoger, de amar, de estar cerca de los preferidos de Jesús… A una gran auditoría, a eso estamos llamados.
No será sencillo. Siempre habrá quien prefiera mirarse el ombligo y apelar a la sacrosanta tradición en lugar de ponerse en marcha en el nombre del Señor para recorrer caminos de mayor fidelidad. Seguro que los habrá que encuentren algún canon que respalde su parálisis. Ahí sí, los responsables diocesanos y de comunidades a todos los niveles se retratarán apoyando a unos u otros. Los que son fieles a menudo se cansan con razón de la tolerancia que se tiene hacia quienes en lugar de empujan frenan la marcha. Con razón, insisto. No seamos ingenuos. No vamos a cambiar el rostro y las prioridades de la Iglesia en tres meses. Pero creo que el solo hecho de ponernos en camino en esta clave de revisar juntos nuestra fidelidad a Dios y a los hombres ya será como una ventana abierta que aportará aire limpio a quienes se asfixian a fuerza de repetir gestos carentes ya de sentido. Será éste un buen año. Un año de auditoría.
@karmelojph