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crítica > por Joaquín Castro

Cristino de Vera

   

Hablar de Cristino de Vera (15 de diciembre de 1931) siempre es un honor. Un canario ilustre, nacido en Santa Cruz de Tenerife, que ha recibido los máximos honores: Medalla de Oro de Canarias, Premio Nacional de Artes Plásticas, Medalla de Oro de las Bellas Artes, entre otros.
Su museo, instalado en una casona restaurada de la calle de San Agustín de San Cristóbal de La Laguna, constituye un acontecimiento artístico, y mucho más en este verano, en el que se han organizado unas visitas guiadas por especialistas en torno a su vida y sus obras.

Los cuadros de Cristino de Vera se conocen a primera vista por el tratamiento a base de colores, generalmente grises, aunque en los bodegones y personajes utiliza otro tipo de tratamientos. Pero lo que cuenta realmente son los colores, los tonos a veces tan poco habituales que le sitúan en un mundo inamovible, recreando un estilo, una manera de ser, encontrándonos en que en la obra de este pintor el arte no se mide por la contemporaneidad del lenguaje, sino por la sinceridad de lo que ha querido expresar este gran artista.

En la naturalidad de Cristino de Vera hay una maestría, en la que el pintor da lo mejor de sí mismo y pone de manifiesto su fuerte personalidad por encima del oficio. En su pintura subyace un mensaje mucho más importante, que lo que a primera vista puede aparentar.

Domina perfectamente la técnica pictórica y hay al mismo tiempo algo misterioso, fascinante que atrae la atención y mucha veces conmueve.

La Biblioteca de Artistas Canarios, en su tomo número 41, ha publicado un estudio crítico, biográfico, antología de textos y bibliografía. El autor, Ramón Salas Lamamié de Clairac, da comienzo a los textos con una reproducción de un autorretrato, que se conserva en el Museo de Bellas Artes de Álava (Vitoria).

La amplia colección del Museo de La Laguna es necesario conocerla y estudiarla para así admirar a este singular tinerfeño.

Sus comienzos en el arte (1946), ingresa en la Escuela de Artes y Oficios, instalada en la plaza de Ireneo González, en Santa Cruz de Tenerife, teniendo el orgullo de contar entre sus profesores a Mariano de Cossio y a Alfonso Reyes, como titular de dibujo.

Se traslada a Madrid y continúa sus estudios con Daniel Vázquez Díaz. Desde 1954, en que realiza su primera individual en la galería Estilo de Madrid, se jalona una vida llena de exposiciones, triunfos y premios.

Mi felicitación a la dirección del Museo Cristino de Vera, por dar la oportunidad a todos los tinerfeños de conocer el arte de este hombre ilustre que ha triunfado entre los grandes en el mundo artístico español e internacional.