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EL MEGÁFONO > LA RANILLA (I)

El barrio que pudo con el mar

   

Miguel Lopéz Carballo es el presidente de la asociación de vecinos ‘La Peñita, situada en el barrio de La Ranilla de Puerto de la Cruz.| MOISÉS PÉREZ

LUIS F. FEBLES | Puerto de la Cruz

Custodiado por la imponente figura del templete de El Peñón por un lado y flanqueado por el muelle pesquero por otro, emerge uno de los rincones por excelencia del Puerto de la Cruz, el barrio de La Ranilla.

Azote de la furia del mar en tiempos pretéritos y residencia por antonomasia de los pescadores, hoy en día este renovado enclave representa la idiosincrasia de un pueblo noble y trabajador. La Ranilla, que actualmente comprende desde la calle La Marina hasta Melchor Luz y desde la calle del Pozo hasta Mequinez, fue en su día el escenario del trasiego de pescadores y mujeres que transitaban desde tempranas horas de la mañana para conseguir un jornal que alimentara a las numerosas familias que poblaban este pintoresco rincón.

El Peñón del Fraile, llamado así en honor a fray Juan de Jesús, es símbolo de la ciudad y aparece en su escudo. | DA

“La calle Mequinez tenía 2 o 3 bombillas de pera, había dos chorros de agua con los que se surtían las viviendas. Teníamos algunas carencias, pero éramos felices y si se presentaba cualquier problema, entre todos nos ayudábamos. Aquí no existían ni Navidades ni Reyes”. Así era La Ranilla en los años 50 y 60 para el presidente de la asociación de vecinos La Peñita, Miguel López Carballo, el caballita, quien rememora con emoción “aquellos maravillosos años”.

“Las mujeres tuvieron un papel importante en el barrio; fueron heroínas”

Carballo recuerda y ensalza la figura de la mujer ranillera y su incansable trabajo. Tuvieron un papel importante.

Para mí son heroínas ya que aparte de cuidar y educar a familias de más de cinco hijos, normalmente, preparaban el desayuno, adecentaban la casa y cargaban cestas de pescado de 25 kilos para llevarlos a La Orotava, Los Realejos, Icod del Alto y canjearlos por verduras o legumbres”. Como ejemplo de la dureza del trabajo, Miguel recuerda como su madre tuvo que ir a trabajar con solo ocho años a casa de una señora para contribuir en la escasa economía familiar.
“La señora con la que trabajó le ponía una caja debajo de sus pies para que pudiera llegar al fregadero”, rememora.

El barrio no solo tuvo que hacer frente a épocas de carestía, sino también a las inclemencias del tiempo, que en muchas casos castigó a la zona con fuertes temporales. “Cuando era un niño, en más de una ocasión teníamos que salir corriendo de casa de mi madre por que el viento se llevaba las tejas y te quedabas mirando las estrellas; el agua entraba por todos lados”, explica Miguel. En La Ranilla a la mayoría de sus habitantes se les conoce por motes que ya forman parte de toponimia del lugar. Apodos como los caballitas, los ratones, los ingleses, Antonio el cambado, el chongo, son fáciles de reconocer si se pregunta por ellos, pero eso sí, como explica el presidente de La Peñita, “si preguntas por sus nombres, mucha gente no los reconoce, pero al decir su mote, ya sabemos de quién se está hablando”.

Antiguamente La Ranilla se circunscribía exclusivamente a la calle Mequinez

El sentirse ranillero es un orgullo y para el caballita “antes se empleaba en tono despectivo. Recuerdo cuando hace tiempo nos señalaban diciendo este es ranillero y nosotros nos creciamos y contestabamos sí, ¡y a mucha honra!, ¿qué pasa?”. Como anécdota, el caballita destaca que “en tiempos pasados, la gran mayoría de los pescadores no sabían nadar. Se iban al mar de noche y si el barco se hundía, se acababa todo”. El sentimiento con el que los ranilleros hablan de su arraigo se evidencia con tan solo unos minutos de charla. “El ranillero es cerrado pero a la vez muy noble. Si le vienes de frente, bien, pero si lo rodeas, mal asunto. Somos gente noble y aunque haya algún pique entre nosotros, a la hora de un favor, siempre estamos ahí. Cuando un niño se ponía enfermo, el médico mandaba caldo de pichón, y aunque la madre no tuviera palomas, un vecino mataba al mejor pichón para darle el caldo y ayudarlo”.

La asociación de vecinos La Peñita, fundada en 1979 lleva muchos años trabajando por los gente de la zona y realizando numerosas actividades en pro de la conservación de las tradiciones y la historia del barrio. Entre las demandas de la asociación, figuran la remodelación de La Placeta o que se terminen las obras del templete del Peñón y se coloquen paneles informativos en varios idiomas para ilustrar al visitante.

La Asociación ‘La Peñita’, lugar donde los vecinos se reúnen desde 1979. | DA