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El sueño que se hizo realidad en una isla

   

César arribó a las Islas hace nueve años y gracias, entre otras cosas, a las recomendaciones de sus vecinos posee una empresa de reformas, “en la que no nos falta trabajo”. | FRAN PALLERO

JOSÉ DAVID SANTOS | SANTA CRUZ DE TENERIFE

César Guevara fantaseaba en su Venezuela natal con lograr para él y su familia una vida más tranquila y quiso vivir ese sueño en Canarias hace ya nueve años. Dejó atrás esposa e hijas y aterrizó en Tenerife donde se suponía que un conocido lo esperaba. “Todavía lo espero”, sonríe pese a que en aquel momento fue un trago amargo. Con solo 100 euros en el bolsillo durmió al raso de la plaza del Adelantado en La Laguna sus dos primeras noches tinerfeñas. Casi una década después, César posee una empresa que se llama D’ Alquiler y D’ Reformas. “Llevo nueve años sin vacaciones, de un trabajo a otro” comenta; obras en las que emplea, según el proyecto, entre cuatro y nueve personas.

En unos tiempos en los que la crisis y la falta de trabajo sacuden a la sociedad, César insiste en que “hay trabajo, pero falta formación”. Él mismo es un ejemplo de superación y de adaptación, donde esa formación que demanda e impone -una vez al mes sus trabajadores reciben algún tipo de curso o taller- ha jugado un papel fundamental. Tras aquellos primeros días tan duros, comenzó a hacer trabajos en casa de los que, pasado el tiempo, se convirtieron en grandes amigos, que lo acogieron como si fuera de la familia “y que hoy en días son como mis hermanos”. En Venezuela llegó a tener varios negocios e incluso abrió un restaurante, pero lo que le permitió salir adelante en la isla fue su hobby, que no era otro que hacer pequeños trabajos relacionados con la construcción, poseía incluso un título de técnico en construcción civil.

Pero eso no era suficiente para su proyecto, que no era otro que legalizar su situación, traer a su familia y tener un futuro. Por ello, tras varios meses de trabajos esporádicos reunió 1.500 euros y recibió un curso de Perito en siniestros y riesgos, ahondando así en un aprendizaje que a día de hoy no ha abandonado. El salto de empleado a empresario lo dio cuando trabajó dos meses “para uno que no me pagó”, aunque no pudo hacer nada porque seguía en trámite su residencia legal. “Ese día decidí trabajar por cuenta propia”. Y comenzó una aventura empresarial “con la que me ha ido bien”. El éxito, entre comillas, se lo atribuye, por encima de todo, al boca oreja, a las recomendaciones de la gente y a la idea perenne de prestar un buen servicio y “generar confianza en la gente”, apostilla. Su esposa se encarga de las labores administrativas y trata de ser riguroso con las contrataciones y el cumplimiento de las obligaciones fiscales: “No vale la pena correr riesgos hoy en día”. Todavía se sorprende de que acuda gente a pedirle trabajo cobrando el paro, algo que no acepta “porque no es lo correcto pero también porque me puede perjudicar” explica. En muchas de estas consideraciones reconoce la influencia de su pertenencia a la Iglesia Cristiana Evangélica Santa Cruz, “un espacio donde conocí a muy buena gente”.

Durante la conversación, César nombra en varias ocasiones a su padre y comenta que algo que le decía, “la confianza no se gana, se pierde”, es lo que siempre tiene presente cuando acepta un trabajo. “He aprendido mucho de los canarios y siempre digo que soy muy canario porque tuve la opción de elegir y elegí ser canario”, asegura. Su agradecimiento a la tierra que lo acogió es inmenso, “a la gente que me recomienda, que confía en mí, a la seguridad que tienen mis hijas, al trabajo que no me falta, a muchas cosas”. Con voz pausada y grave apunta “si uno va con lobos, aprende a aullar, pero si te rodeas de gente buena e inteligente, aprendes de ellos”. Y es que su “equipo” es fundamental. “He tenido la suerte de encontrarme con grandes personas y si hoy existe una empresa es porque puedo confiar en ellos tanto como otros confiaron en mí”.

D’ Alquiler y D’ Reformas está camino de convertirse en la materialización del particular sueño de César Guevara; alguien que desprende optimismo y confianza en sí mismo y en los demás. Un ejemplo, pequeño pero representativo, de que en tiempos duros, hay espacio para creer, y alcanzar, algunos sueños.

[apunte]El esfuerzo personal, las ideas claras en cuanto a la forma de atender a los clientes y la calidad en el acabado de sus trabajos ha sido la base que ha permitido prosperar a César. Sin embargo, también apunta a la suerte de ser consciente de sus límites. Y es que en pleno boom de las construcción trabajó como subcontrata en grandes obras. Pero llegado el momento de dar un paso más allá decidió no enfrentarse a nuevos proyectos que si bien eran de gran cuantía económica ponían el horizonte de pago muy lejos. De hecho, esa postura de apostar por pequeños trabajos -medio vecindario en Salamanca lo conoce- de reformas y arreglos hizo que no asumiera deudas, “aunque a mí sí me dejaron de deber algo”, comenta, y no sufriera el colapso que otras pequeñas empresas han vivido en los últimos tiempos, sobre todo, en el sector de la construcción. Ahora, cuando la crisis ha golpeado más fuerte, César reconoce que ellos no paran de tener encargos, “en este momentos tengo tres en marcha”, y reitera que, pese a que lleva años sin vacaciones, espera seguir con esa suerte. [/apunte]