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ANÁLISIS > POR ANTONIO PÉREZ HENARES

España tiene miedo

   

Agosto, lejos de dar tregua, ha desatado los fuegos y ha puesto a hervir la deuda. Si hace nada mirábamos con pánico la posibilidad de que nuestra deuda superara la cota de los 300 puntos básico, ahora resulta que, superados los 400, ese diferencial y esos intereses ya asfixiantes nos parecen un remanso de paz al que, gracias a que el BCE (o sea Merkel y Sarkozy) nos ha salvado el trasero porque estaba también en juego el de Italia, hemos conseguido regresar.

Pero ha existido pánico, y el miedo puede regresar en cualquier momento. La situación mundial es mala; la de Europa peor, pero la nuestra es, dentro de lo peor, la más pésima. Porque, encima, a nuestros males se une que, simplemente, no tenemos Gobierno.

Y tendremos que esperar cuatro meses hasta que alguien coja el timón. Si es que para entonces queda algo de la nave a flote.

ZP se rindió a la evidencia y anunció elecciones el 20-N, buscando unos meses de propina a Rubalcaba por ver salvar algún mueble socialista. Pero pretender entrar en hibernación gubernamental con la deuda ardiendo no es posible. Lo dice Europa y lo dicta el sentido común: o hace lo que debe hacer, esas reformas que se han pregonado mil veces, o se va, pero ya, y así deja que las hagan otros. Pretender pasar por toda esta tempestad en letargo es un suicidio y un imposible.
La situación mundial, europea y española no lo permite. Esto se está yendo directamente al fondo.

Estamos en una situación de verdadera emergencia y una vez más al frente no solo tenemos un verdadero inútil para afrontar la catástrofe, sino es que ahora encima el inútil está teóricamente muerto a la espera de entierro.

Pero el entierro lo han pospuesto tanto que cuando de verdad acaben los responsos los que vamos a estar muertos vamos a ser todos. Si uno se va porque es un desastre, pues lo hace y deja paso.

Pero no. Una vez más Zapatero la ha liado parda y nos la ha liado a todos. En otro de sus estrambotes de su cansino adiós, presumiendo de tener los deberes hechos y la misión cumplida, convoca elecciones pero con compás de espera a ver si escampa un poco y a Rubalcaba y al PSOE no se lo lleva la riada.

Pero no ha escampado. La tormenta se vuelve cada vez más terrible y ¿ahora que hacemos? Pues la lógica es la que tenía que haberse hecho, y hace tiempo. Ir de una vez a las urnas, sin más demoras ni juegos. Pero no hay ni lógica ni cuajo ni sentido de Estado.

La salida de Bono de pedir un Gobierno conjunto con el PP es una tomadura de pelo, una broma macabra. ¿Ahora?

Después de tres años largos pretendiendo que eran los esbirros del averno. Ahora después de haber perdido el PSOE hasta la hijuela. Resulta tan patético como insultante no solo para la oposición sino para la inteligencia del conjunto de los ciudadanos.

La situación es gravísima. Pero la convierte en angustiosa nuestra propia situación política. Nuestra parálisis, nuestro gobierno cataléptico, nuestra obligada espera. España ha superado la fase de desconfianza absoluta. Ahora los españoles tienen, simplemente, miedo al futuro y al inmediato mañana. Y tienen por qué tenerlo.

PD: eso me preocupa. Lo del 15-M, me van a perdonar, cada vez me interesa menos y me resulta inaudito que se le den horas de televisión a cualquier patochada que se les ocurra. Cada vez tengo más claro que es mucha menor la importancia real que la mediática y aunque ellos se consideren a sí mismos la estrella polar de los revolucionarios del siglo XXI a uno le parece que es más de lo mismo y bastante transitado.

Que su “no nos representan” no dará paso a saber a quiénes representan ellos exactamente. Y eso en democracia se mide por un hombre, un voto.

Y me temo que no van a afrontar ese reto. Porque una cosa es la algarada entre la permisividad y el tutelaje y otra medirse en urnas (¿o es que no aceptan la urna y el voto?).

Pero me da que su reactividad a tan antigua cosa es porque a la hora de la verdad tal vez no les dé ni para un concejal.