X
análisis > por Jacobo Medina González

La jornada mundial del consumo

   

Ya estuvo aquí el aclamado Papa con sus zapatos de Prada y su sotana bordada en oro con iniciales cristianas. Estos días tuvo lugar en Madrid la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), donde miles de católicos apostólicos romanos alzaron su voz en defensa de la unión y la misericordia, pidiendo por los más necesitados pero dejándose evadir por la falta de voluntariado juvenil en este tipo de aspectos. Si ese millón de jóvenes que se concentró en Madrid estos días para proclamar la defensa de la Iglesia colaborase en sus territorios por la defensa de lo justo y por la principal causa de muerte en el mundo, la pobreza, otro gallo cantaría, y esto no se considera demagogia: se considera realidad.
La visita del Papa estuvo patrocinada por la Comunidad de Madrid y el Estado español; ellos han desembolsado 50 millones de euros, el doble de lo que se va a gastar el millón de participantes en esta JMJ. Algo que parece desacorde con la situación económica que está viviendo no solo nuestro país sino el mundo. Lógicamente, desde la Comunidad de Madrid explicaban que la celebración de las jornadas daría ingresos a Madrid, pero no se dieron cuenta que en un balance económico debe haber un apartado de ingresos y otro de gastos, y cuando el segundo es mayor que el primero tenemos como resultado la quiebra de una empresa. Si lo extrapolamos a la vida real, la quiebra de unas jornadas que lo único que lograrán fue que los participantes pasen unas minivacaciones donde cambian la piscina por confesionarios y la visita a la discoteca Pachá por la gran misa de Benedicto XVI.

No me considero ateo, tampoco cristiano practicante, pero si cristiano y mi fe está en Dios y me confieso con Dios y no en un confesionario, por lo que creo en Dios plenamente pero no en sus empleados que tiene distribuidos por todas las iglesias, porque me han demostrado no tener la iluminación de Dios para proclamar su humildad, sino que han sabido esquivar las reclamaciones de pobreza.

Es normal que los laicos se indignen por la visita del Pontífice; es normal que la gente critique la visita del Papa. Tenemos un 20% de paro, familias pasando hambre, un 45% de paro juvenil y a un Papa anunciando a los jóvenes “no os avergoncéis del señor” a su llegada a Madrid.

Tengo más claro que nunca que la renovación de nuestra sociedad, la renovación política no pasa sin apostar por la juventud, sin apostar por los jóvenes con incentivos fiscales en las empresas y por la inclusión de jóvenes preparados en cargos públicos. La falta de incentivación en los jóvenes hará que la competitividad dé paso al conformismo, es decir, que nos dé igual ocho que 80. Que injusta es la vida cuando Somalia está pidiendo recursos para que no sigan muriendo miles de niños al año y la riqueza de la iglesia guardada bajo llave y a la vista de todos. Desde aquí y con todo el respeto le pido al Papa que reclame formación y menos rezos a nuestros jóvenes, y me quedo con las palabras del Rey “no son tiempos fáciles” para una juventud frustrada por falta de horizontes, amén.