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ESCAÑO CERO > POR JULIA NAVARRO

Peor que un error

   

Tienen razón; sí, sus señorías de la oposición tienen razón al apuntar que una modificación de la Constitución no se puede hacer entre dos hurtando además el debate en el Parlamento. Porque eso es lo que está pasando, que Zapatero y Rajoy se han puesto de acuerdo y a partir de ahí el resto de los partidos, y desde luego los ciudadanos tenemos que encajar una reforma de la Constitución inesperada. Y eso es lo que tuvo que escuchar reiteradamente el presidente Zapatero, con rostro circunspecto, durante la sesión parlamentaria en que socialistas y populares presentaron a sus señorías para su aprobación la modificación de la Constitución que supone limitar el déficit en nuestras cuentas públicas. Zapatero cree que esa reforma era urgente. En realidad es una reforma que viene impuesta desde Berlín por parte de la señora Merkel, que, junto al presidente Sarkozy, es quien manda en la Unión Europea. Seguramente sin ese gesto, y sin el resto de las medidas adoptadas y por adoptar, el Banco Central Europeo dejaría de acudir al rescate subrepticio con el que nos lleva salvando en las últimas semanas. Lo cierto es que Zapatero ha elegido la peor manera para reformar la Constitución. Las formas son parte importante del sistema democrático y el espectáculo lo han dado PSOE y PP, pero, siendo justos, la responsabilidad mayor recae en el Gobierno socialista, poniéndose de acuerdo para una reforma constitucional sin llevar la cuestión a debate y sin buscar el consenso con el resto de las fuerzas parlamentarias. Esto es un grave error político. Y es un error que los ciudadanos van a apuntar en el debe del PSOE. Y es que, por más que se empeñen socialistas y populares al afirmar que representan a más del 90% del Parlamento, lo cierto es que, como bien dejó dicho Gaspar Llamazares, eso no significa que representen a la mayoría de los ciudadanos. Zapatero se ha dejado engullir por los dictados de lo peor de los mercados y ha hecho una cesión de soberanía aceptando modificar la Constitución al dictado de Berlín y por la puerta de atrás, haciendo caso omiso no solo a lo que los dirigentes de la oposición le han dicho en el Parlamento, sino a los ecos de la calle. Me pregunto qué pensará el presidente cuando las únicas voces que se alzan defendiendo la reforma y el acuerdo con el PP son precisamente voces de la derecha. Es una amarga victoria la que va a encajar Zapatero aprobando esta reforma constitucional. Puede que ni siquiera con este nuevo sacrificio logre aplacar los mercados. Yo me pregunto por qué un presidente que se dice de izquierdas no ha sido capaz de cabalgar el tigre de los mercados y no al revés. Nuestro presidente se ha apuntado sin rechistar a poner en marcha todas las recetas neoliberales que le han ido exigiendo desde Bruselas. Recetas que está por ver que nos saquen de la crisis, recetas contestadas por algunos Premios Nobel de Economía. Creo que el de ayer habrá sido uno de los plenos más duros de los vividos por José Luis Rodríguez Zapatero. Una reforma constitucional debería llevarse a cabo con al menos unos cuantos debates previos y, si me apuran, después de esos debates con la celebración de un referéndum, pero tal y como lo ha hecho, lo está haciendo el Gobierno, lo que nos están diciendo a los ciudadanos es que España es una mandada de Berlín, ni más ni menos. Si en democracia no se respetan las formas y los tiempos entonces es que está en cuestión la calidad de la democracia, y eso es precisamente lo que ha puesto en cuestión el Gobierno. ¡Qué final el de Zapatero!