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CUADERNOS DE ÁFRICA > POR RAFAEL MUÑOZ ABAD

Reflexionando

   

Gran parte de los disturbios que acontecen en Inglaterra tienen su raíz en la más absoluta carencia de eso que se denomina valores.

Aplaudo las palabras del primer ministro británico achacando a los padres la responsabilidad de haber forjado una generación caprichosa, carente de educación y vacía de los más mínimos principios. Buena parte de la infantería que engrosa las filas de los indignados “británicos” son descendientes del flujo migratorio africano hacia Inglaterra; conjuntamente con los procedentes de las mal llamadas Indias británicas; caso de los jamaicanos o los originarios de Trinidad y Tobago. Africanos de heráldica estos últimos, cuyos ancestros fueron esclavizados por aquellos que representaban los intereses de los armadores y tratantes de Liverpool; siendo engrilletados y hacinados en los barcos negreros rumbo a las plantaciones americanas.

Una de las muchas claves de los disturbios que están sacudiendo las ciudades inglesas hay que buscarla en la inmigración africana. Fenómeno que ha ido creando un estrato social a base de formar guetos. Los niggers (negros) es el término despectivo con el que son denominados por la sociedad británica, que, en el caso de los nigerianos, concretamente los pertenecientes a la etnia Yoruba, engloban a más de ciento cincuenta mil miembros en lo que ha pasado a conocerse como Little Lagos. Es un suburbio al sur de Londres, bautizado como Lagos en honor a la capital de Nigeria. Un área deprimida donde las iglesias nigerianas y las mezquitas florecen como hongos; caldo de cultivo para la delincuencia de a pie, y para reclutar radicales afines al integrismo islámico; barrios azotados por el desempleo donde las tiendas ofrecen productos nigerianos frescos; distritos poco atendidos por las políticas sociales, y vestidos en la más pura estética hip hop.

Sociedad burbuja absorbida por la cultura del pandillaje, que más allá del color de la piel, vive totalmente alejada de cualquier identificación africana pasada. Comunidades que portan pasaporte británico, ya que son la tercera o cuarta generación residente en el país. Ciudadanos británicos de iure, pero de segunda fila a ojos del resto de la sociedad inglesa. Es curioso cómo las comunidades hindúes y paquistaníes que igualmente cuentan ya con varias generaciones en suelo británico coinciden con las africanas en su aislamiento sociocultural, pero se muestran alejadas de verse implicadas en el vandalismo callejero. Inglaterra y Francia colonizaron la mayor parte de África.

Razón por la que la inmigración africana en ambos países está muy presente. Los altercados que viven las ciudades inglesas ya los sufrieron las francesas hace algunos años. Urbes plagadas de barrios y suburbios donde los magrebíes viven hacinados en auténticas bombas de relojería social. El problema es global. Un incendio generacional avivado por una crisis económica y de valores que nos tiene en jaque; aliñado con el vinagre del descontento que bajo ningún concepto puede justificar el pillaje y la violencia.

Por cierto, y ya en la contraportada de nuestra conciencia y de los telediarios, Somalia sigue muriéndose de hambre. Allí no hay indignados “africanos” con pasaporte europeo y sudaderas adidas entregados a la golfería; ni movimientos de diseño del tipo 15-M plagados de niñatos consentidos. Si alguien allí se queja, aquí apenas ya se oye.

*Centro de Estudios Africanos de la ULL
cuadernosdeafrica@gmail.com