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AVISOS POLÍTICOS > POR JUAN HERNÁNDEZ BRAVO DE LAGUNA

Soberanía económica

   

Rodríguez Zapatero se propone morir matando. Es decir, como, por fortuna, se tiene que marchar sin remedio, ha decidido hacer la pascua a los españoles hasta el final. Primero, esa insólita fecha electoral, que, por un lado, nos viene a recordar innecesariamente una época de infausta memoria y amenaza con hacerla presente en la campaña electoral, y, por otro, alude también a las, por desgracia, todavía vigentes dos Españas. Y después, en segundo lugar, esas elecciones adelantadas, pero aún tan lejanas en el tiempo. Cuando anunció su adelanto afirmó que la decisión de convocarlas generaría certidumbre política y económica. Y es verdad. Claro que una medida de ese tipo genera certidumbre política y económica, y los ciudadanos le podemos reprochar cargados de razón que se haya resistido a adoptarla en los meses pasados con las más peregrinas excusas. Sin embargo, un adelanto electoral tan diferido en el tiempo puede producir efectos contrarios.

Un Gobierno en liquidación y de sálvese el que pueda, y un presidente amortizado y puesto en entredicho en su propio partido se compadecen poco con la lucha contra una crisis que en los últimos días ha remontado peligrosamente tanto en Europa como en Estados Unidos. Así lo ha manifestado, por ejemplo, en términos de mayor diplomacia, Durán i Lleida, el sensato político catalán tan poco sospechoso de afinidades con los populares. Por cierto, que la directora de su campaña electoral ha asegurado que Convergència i Unió estaría dispuesta a participar en un futuro Gobierno español si se resuelve lo que ellos denominan “el problema catalán”, o sea, si se acepta un pacto fiscal con el Estado que permita a Cataluña administrar todos los impuestos, al modo vasco. Lo primero sería una muy buena noticia para la democracia española; lo segundo, no tanto.

Otra de las justificaciones de su decisión que esgrimió Rodríguez Zapatero fue que “se han sentado las bases de la recuperación”, “el rumbo está fijado” y “el Gobierno ha cubierto los objetivos que se marcó”. Una nueva versión de los mentirosos brotes verdes y de la mentira por sistema. Porque no se han sentado ningunas bases ni fijado ningún rumbo. Y si la situación actual cubre los objetivos que se había marcado el Gobierno, tenemos que preguntarnos aterrorizados en manos de quien hemos estado y estamos aún. Porque el deterioro económico es creciente y la sombra de la recesión se cierne sobre las economías occidentales. Estados Unidos está sufriendo enormes dificultades financieras, la zona euro se reciente y también al revés: Obama ha confesado que “cuando hay problemas en España acaban por llegar a Estados Unidos”. Y vaya si han llegado. El pasado lunes los norteamericanos volvieron a revivir la pesadilla del “lunes negro” que sufrieron tras la quiebra de Lehman Brothers el 15 de septiembre de 2008. En esta ocasión, el origen del desplome ha sido la decisión de la Agencia de calificación Standard & Poor’s de privar a la deuda soberana de Estados Unidos de la llamada “triple A”, la matrícula de honor financiera, por primera vez en la historia del país.

Al margen de ello, es destacable la actuación de China en esta crisis. Muchos analistas le reprochan -con razón- que está jugando un papel protagonista negativo de competencia desleal a causa de las inigualables condiciones de su mercado laboral y su agresiva política comercial. No obstante, las autoridades económicas chinas distribuyen sus opciones en varios cestos: son destacados compradores de deuda española y de otros países amenazados de la zona euro. En cuanto a la terrible coyuntura económica española, un poco antes de que el presidente hiciera su anuncio de adelanto electoral, la Agencia Moody’s ponía bajo sospecha a España y a sus instituciones clave, y llegaba a advertir que aumenta el peligro de un shock en la economía española. La prima de riesgo-país española se ha desbordado ya varias veces, y la semana antepasada llegó a alcanzar los 421 puntos básicos, aunque se ha vuelto a estabilizar en torno a los 280. Y no es un consuelo que, por primera vez, la prima italiana nos haya superado. Haríamos bien en no olvidar las informadas palabras del presidente del BBVA, que nos ha advertido hace poco que por cada cien puntos básicos que aumenta la prima de riesgo española (el diferencial del bono español con el alemán a diez años) se dejan de crear 160.000 puestos de trabajo. En términos monetarios, esto supone un coste extra de 12.500 millones de euros en intereses anuales a pagar por España, cantidad que equivale a un 1,2% de su Producto Interior Bruto y que permitiría financiar, por ejemplo, todas las inversiones en infraestructuras para 2011, que alcanzan unos 8.400 millones. No en vano Francisco González ha afirmado que la prima de riesgo española no puede -no debe- situarse más allá de los 130 puntos básicos. Porque, además, añadimos nosotros, cuando la prima de riesgo se desborda tanto como la española, después, aunque baje, la situación ya no vuelve a ser la misma: el tejido ha dado de sí y difícilmente -o nunca- recupera su textura original.

Es evidente que la contención del déficit del Estado no cubre los excesos presupuestarios de la Seguridad Social y las Comunidades Autónomas. Y es más evidente todavía que somos un país de despilfarradores; un país plagado de aeropuertos inútiles o sin tráfico alguno (Albacete, Castellón, Ciudad Real, Huesca-Pirineos, Lérida y un largo etcétera); un país al que vienen los extranjeros -y los que no lo son- a operarse y a llevarse medicinas gratis (a Venezuela, sin ir más lejos); y una gente que, porque es gratis, utiliza -sin necesidad y por síntomas triviales- la sanidad pública ocho veces más que la media europea. ¡Y aún discutimos sobre el copago! No es de extrañar, entonces, que los contribuyentes alemanes estén hartos de nosotros y de sostener nuestra economía y la de los demás malos administradores del sur de Europa. El candidato Pérez Rubalcaba ha confesado que un Gobierno presidido por él cedería “sin duda” más “soberanía económica” a la Unión Europea, porque considera que Europa ha de tener más competencias de contenido económico para poder adoptar decisiones importantes en ese ámbito. El problema es si a las instituciones y autoridades europeas les interesa nuestra devaluada soberanía económica. Y, sobre todo, si les interesa que sea Pérez Rubalcaba quien se las ceda.