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EL CORREO INDIANO > POR MIGUEL GONZÁLEZ SANTOS

Techo a los deseos

   

El cometido fundamental del ser humano es ser feliz. Todos nuestros esfuerzos se centran en ese objetivo. Toda actividad que emprendemos está regida siempre por esa meta: la felicidad.

En el primer mundo, los baremos de progreso se establecen en función del mayor o menor volumen de riqueza. Esto es: mejor casa, mejor coche… y, en definitiva, mejor salud, mejor salario y mejor amor. Pero la desarmonía o infelicidad nos acecha constantemente porque esa carrera no tiene fin. Como relataba la vieja canción, “el que tiene un peso quiere tener dos”. Todos queremos más. Y es precisamente con la cantidad con la que aparecen las fricciones.

A fuerza de tropezar con la misma piedra y de fracasar en la insaciable codicia, se ha abierto un gran interrogante en nuestro modelo de desarrollo, que empieza a preguntar más por la calidad. Lo que hasta ahora era solo una pequeña fisura, se ha convertido ya en una profunda grieta que amenaza con ruptura. A través de ella hemos empezado a liberar nuestros males y el dolor de nuestra herida nos hace más sensibles al mal ajeno.

Y nos consolamos al hallar a alguien peor. Pero lo sorprendente es que, cuanto más profundizamos en la miseria, menos podemos comprender cómo aún conserva la sonrisa. La reflexión ya se ha puesto en marcha: “No es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita”.

*Remitido desde India. miguel_g_santos@yahoo.com