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Un apego incondicional, una vida sacrificada

   

Lola Melián disfruta de su nueva vida en el campo con sus niños. | JAVIER GANIVET

NANA GARCÍA | SANTA CRUZ DE TENERIFE

En relación con el apego que muchas personas desarrollan hacia los animales, los psicólogos, lejos de apreciar algún tipo de dolencia, consideran que, “cualquiera que es capaz de defender y cuidar a los animales y que no puede verlos sufrir, es una persona que merece el calificativo de humana”. Yahaira Thovar Melián (Santa Cruz de Tenerife, 1966) es una vecina del barrio de El Toscal que hace 25 años decidió cambiar el rumbo de su vida hacia el cuidado de “los seres más desprotegidos, los animales”. Fruto de esta inclinación natural nació la Asociación para la Defensa y Protección de los Animales en Canarias (ADEPAC), una organización que durante lustros ha dado cobijo, sustento y protección a cientos de perros que han sido abandonados en las calles de las Islas.

En la era de la democracia y los avances sociales, con el predominio de internet, la tecnología y la globalización, resulta extraordinario que una familia acomodada de la capital se aventure a un exilio voluntario de la ciudad al campo para dedicarse en cuerpo y alma a “construir un futuro mejor” a los animales. Este proyecto se materializó en 1988 en un albergue de recogida de animales abandonados o maltratados que se construyó en el barrio de Ravelo, en El Sauzal. Allí, unos 10.000 metros cuadrados de naturaleza dan vida a 400 perros, a los que se les da una atención individualizada, en función de su pasado y su historia.

Un miembro de la 'familia'. | J. G.

En este sentido, la paciencia, un poco de autoridad y de psicología se convierten en las mejores herramientas para gestionar este refugio. “Convivimos mucho con ellos, por eso sabemos qué perro es mimoso, cuál es más independiente, cuál necesita atención, etcétera”, indica Thovar, mientras señala a Jade, quien se ha convertido en “la jefa, mientras Juancho es el dueño”, del grupo de perros que permanecen sueltos en el recinto (unos 100), que son los enfermos y los de mayor y menor edad.
Las instalaciones cuentan con una edificación central -donde está ubicada la cocina, una clínica veterinaria para los animales del albergue que cubre servicios de esterilización y atención primaria, baños y almacenes-, además de varias jaulas dormitorio construidas en diferentes fases y ubicadas en diversas localizaciones del perímetro, decenas de casetas repartidas por el espacio, un spa y un pequeño kínder para los cachorros. “Al ser una protectora de sacrificio cero, se ha ido ampliando nuestra capacidad con el paso de los años y hemos tenido que hacer en varias ocasiones trabajos de ampliación y mejora de las instalaciones”, explica la presidenta e impulsora de esta ONG, mientras Patxi, Salomé, Nala, Sonia, Manolo o Montse, perros de entre 15 y 17 años, la rodean en busca de una caricia.

Problemática social

Pero no todo es idílico: con la difícil situación económica, el abandono de animales de compañía ha crecido, mientras que las subvenciones y ayudas económicas de la administración han disminuido o desaparecido. Yaharia Thovar aclara que llevar las riendas de Adepac no es explotar un negocio, sino todo lo contrario. Como responsable tiene que ser psicóloga, empresaria, comercial, manitas y una especie de madre postiza. “Por supuesto, como organización, tenemos socios, pero si nosotros no ponemos todos los meses 12.000 euros, esto no funciona”, se lamenta la presidenta. Y esos miles de euros no proceden de la administración ni de la beneficencia: “La verdad es que si los animales comen es por mi madre, quien ha rehipotecado todas sus propiedades para que nos den un crédito, mientras yo soy la que hace todo el trabajo de buscar el dinero para pagarle porque las ayudas no llegan”.

Las instalaciones precisan de un mantenimiento constante. | J. G.

[apunte]La integración de los canes es fundamental para el adecuando funcionamiento del establecimiento. Para ello, un equipo de cinco a ocho personas, entre empleados y voluntarios, realiza a diario, con una dedicación constante, las labores de limpieza y mantenimiento de las instalaciones, así como el control médico y sanitario de todos los perros. También ofrece los servicios de incineración -individual y colectiva- de mascotas en su horno crematorio, el único para animales de compañía que existe en Tenerife. Este servicio, que llegó tras diez años solicitando “un permiso para poder incinerar”, puede ser demandado por clínicas veterinarias como por cualquier familia que haya sufrido la pérdida. La recogida se lleva a cabo a domicilio y todos los beneficios se destinan al albergue Adepac. La asociación también realiza acciones de prevención del abandono.
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Bárbara Melián Rodríguez, conocida por Lola, regentó a lo largo de toda su vida varios negocios en pleno centro de Santa Cruz, como la conocida tienda Dena Decoraciones, en Méndez Núñez, comercios que cambió “por la vida en el campo”. “Ahora me dedico a mis perritos, que no es poco”, comenta con ironía, máxime cuando sus “niños”, como ella los llama, son tantos como 400. A pesar de que Lola Melián se muestra muy feliz de ser parte, junto a sus hijas Yahaira y Dena Thovar Melián, de la gran familia del albergue Adepac, su hija y presidenta de la asociación considera que es una situación injusta. “Tiene que solucionarlo la administración”, apunta, al tiempo que explica que el abandono y maltrato de los animales es un problema social que deben resolver las instituciones públicas. “Sin embargo, este problema se lo estamos solucionando nosotros. Se ha convertido en mi modo de vida en los últimos 25 años y parece que me están haciendo un favor cada vez que me dan una subvención”, advierte Yahaira Thovar.

El mayor mérito del trabajo de Yahaira Thovar y toda la familia de Adepac es haber cambiado y mejorado la vida de cientos de perros, a los que les buscan hogares “perfectos”, a pesar de haber tropezado muchas veces en el camino. “Mi idea es poder escribir algún día sobre cómo hacer un albergue para que mi experiencia sirva de ejemplo a otras personas que quieran construir un refugio de animales”. Una vida sacrificada, pero con pasión.