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no te va a gustar > Fernando Jáuregui

Un paso importante hacia el gran pacto

   

La sesión plenaria del Congreso de los Diputados de ayer tuvo, a mi juicio, una gran importancia. Por tres razones: una, por la propia reforma constitucional propuesta, la de recoger el techo de gasto presupuestario en la Carta Magna. Otra, porque se demostró que es posible “abrir el melón” de esa reforma sin que se hunda el mundo, contra lo que venía diciendo hasta ahora la clase política. La tercera, porque resulta evidente que el gran pacto va a presidir no solamente la próxima legislatura, gane quien gane en las urnas, sino incluso en la última parte de la actual, hasta el 20 de noviembre.
Zapatero demostró que no ha renunciado a gobernar hasta el último momento. Y que está dispuesto a hacerlo aun cuando sus decisiones contradigan manifestaciones previas de quien aspira a ser su sucesor, Alfredo Pérez Rubalcaba, quien hace un año ridiculizó una propuesta de Rajoy en la que pedía introducir en la Constitución los principios de la estabilidad presupuestaria.

De hecho, el candidato socialista aparecía visiblemente contrariado en el desarrollo de la efervescente sesión parlamentaria, en la que todo eran cábalas acerca del calendario que ahora le queda al Congreso y al Senado para “encajar”, en palabras de José Bono, la importante reforma constitucional tan sorpresivamente anunciada por Zapatero.

Pero también Mariano Rajoy mostró reflejos. Es cierto que, según me cuentan fuentes de ambas partes, él y el presidente del Gobierno ahora “se hablan casi todos los días” y, por tanto, habían consensuado con antelación las formas y el ritmo de esta reforma, que afectará al menos al artículo 135 de la Constitución.

Zapatero mostraba que está dispuesto a ir más allá en el afán reformista inculcado por la Unión Europea. Incluso que está dispuesto, una vez más, a contradecir sus propuestas iniciales, posiblemente influido también por la vicepresidenta, Elena Salgado, que está haciendo, a mi juicio, un buen papel en esta crisis agosteña.

Y Rajoy dejaba claro que, cuando gobierne, que parece bastante probable que lo haga, no llevará a cabo una política económica demasiado alejada de la que ahora pone en marcha el Ejecutivo del PSOE. Es decir, que en principio el camino está bastante libre para ese gran pacto en torno a cuestiones fundamentales que se delinea, que será inevitable, en la próxima legislatura. Un pacto que, sin duda, deberá afectar a otras cuestiones constitucionales, además de la propuesta por Zapatero en el día de ayer. Siempre he defendido la necesidad de que socialistas y populares se entiendan. Hay muchos, demasiados temas en esta especie de segunda transición que se inaugura, y éstos precisan de un amplio consenso. España tiene que presentarse unida ante Europa, ante el mundo, más allá de la lógica y deseable discrepancia entre Gobierno y oposición. Estamos, pienso, ante una gran oportunidad. La sesión plenaria de ayer, que abre un mes frenético, fue, en este sentido, una buena noticia. Cuánto espero no equivocarme.