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el observador > por Carlos E. Rodríguez

Unas elecciones sentenciadas

   

Es inocultable que hay, en estos momentos, muchos movimientos de fondo en la política española, no solo en el entorno directo del poder, sino también en el principal partido de la oposición, el PP, donde Mariano Rajoy parece claro que ha decidido tomar personalmente en sus manos todos los resortes y no aceptar sugerencias ni mucho menos presiones sobre cómo orientar la política de la oposición. La inevitable proximidad de las elecciones generales marca pues, de manera decisiva, la vida política.

Lo mismo Rodríguez Zapatero en el poder, que Mariano Rajoy al frente de la oposición, quieren dejar bien claro a los suyos que ellos tienen y manejan el timón, valoran los tiempos y toman las decisiones, algo por cierto que es bien razonable y prudente, porque nada hay peor en política que la confusión respecto a la toma de las decisiones.

En la sede central del Partido Popular ya se sabe y se acepta que es personalmente Mariano Rajoy la persona que, en el ejercicio del liderazgo de la oposición, controla todas y cada una de las decisiones estratégicas.

Y en La Moncloa ya se sabe y acepta igualmente que José Luis Rodríguez Zapatero no está dispuesto a que nadie actúe en anticipado ejercicio de las previsiones sucesorias.

Para decirlo con entera claridad, ZP ha dicho a los suyos de más confianza que de ninguna manera va a ser él quien pierda las elecciones, y en el PP se sabe que Mariano Rajoy quiere, lo que es muy legítimo, protagonizar personalmente y sin compartirlo con nadie el triunfo electoral al que se aspira y por los datos de prácticamente todos los sondeos, incluidos los del oficial CIS, se espera.

Sucederá lo que tenga que suceder, esto es, lo que la voluntad de los electores determine, pero si finalmente, como parece, el PP se alza con el triunfo electoral, Rodríguez Zapatero, cuyas ambiciones políticas se mantienen, de ninguna manera aceptará ser presentado como el protagonista o culpable de la derrota. Se dice incluso que en La Moncloa está ya preparada muy importante información y datos para que cada palo aguante su vela y nadie del PSOE, si lo pretendiera, consiga titulizar la eventual derrota en el todavía presidente del Gobierno. Es cierto que la política económica de estos años no ha sido particularmente brillante ni suficientemente efectiva, pero también es verdad que faltaban en el PSOE los mimbres para construir un modelo más sólido y con mayor capacidad de resistencia a la crisis.

Por lo demás, sigue siendo cierto que las encuestas y pronósticos tienen el valor que tienen, pero que el resultado real de unas elecciones no se conoce hasta que se ha escrutado el último voto. Como en la antigua y válida advertencia, “no está el mañana, ni el ayer, escrito”.