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EL DARDO > POR LEOPOLDO FERNÁNDEZ

Verano loco

   

No sé si más que otros años, pero el actual verano parece un tanto loco. Con un país quebrado, aquí vacaciona todo quisque, incluido el Rey, en un modo irresistible de arrojar por la borda los deseables ejemplos de austeridad y recato. Incluso se adoptan iniciativas impensables hace semanas, como la reforma exprés de la Constitución cuando muere la legislatura y el candidato Rubalcaba tiene que aliarse con el diablo para no mandar a Zapatero a freír gárgaras. Por no hablar de la inesperada moción de censura herreña, presentada más por razones personales y como efecto de daños acumulados que por diferencias ideológicas y de gestión.

El verano no ha mejorado la coyuntura económica y ahora que se acerca el otoño electoral vuelve el nuevo protagonismo de los mercados, que van a dejar nuestro Estado del bienestar más que cojitranco. Pero, a lo que iba.

Junto al extraordinario éxito de la visita apostólica del Papa, me han llamado la atención durante estos días de descanso la nultiplicación de noticias sobre revueltas en la calle, no sólo de los indignados del 15-M, que inciden negativamente en la normal convivencia ciudadana; el aumento dramático de los crímenes por razón de sexo; el incremento del turismo de borrachera -como en el caso de Lloret de Mar, donde las autoridades han tenido que tomar cartas en el asunto-, y, sobre todo, la peligrosísima proliferación de las rave o fiestas clandestinas en las que, según he leído, un día sí y otro también, proliferan nuevas drogas de diseño a base de mejunjes de efectos desconocidos, desde el estramonio que nació en Getafe hasta los oxyshot que permiten inhalar vapores de alcohol que llegan con rapidez a la sangre y colocan a cualquiera en cuestión de segundos. A modo de tribalismos identitarios, estas reuniones juveniles se convocan por sorpresa a través de las redes sociales y ponen en marcha prácticas descontroladas de las que luego derivan borracheras tremendas, estados de inconsciencia y coma etílico e incluso la muerte.

No entiendo cómo este tipo de diversiones a base de alcohol y drogas no se combate con los medios adecuados; no se trata de restringir la libertad de nadie, sino de cumplir y hacer cumplir la ley para poner coto a prácticas indeseables e incluso ilegales que no conducen a nada bueno, aunque estas hazañas se lleven a Internet en plan ostentoso, lo mismo que el lanzarse alocadamente a una piscina desde la terraza o la balconada de un hotel cuando la sangre está llena de alcohol y en esas condiciones nadie sabe lo que hace. ¿Tan difícil resulta divertirse sanamente y optar por la cordura para poder distinguir entre lo bueno y lo malo, lo sano y lo dañino?