... Y NO ES BROMA > POR CONRADO FLORES

¡La leche! > Conrado Flores

Hace un par de meses, la OCU. publicaba un exhaustivo informe en el que se valoraba la calidad de la leche entera que se consume en nuestro país. Fueron sometidas a examen 47 marcas nacionales bastante representativas y se incluyeron datos sobre sus valores nutricionales, su calidad química y su higiene. La organización siempre ha garantizado la neutralidad de los análisis, realizados por parte de un prestigioso laboratorio, y el carácter puramente informativo del estudio. Cuando leí el listado, ordenado mayor a menor calidad, exclamé “¿¡pero qué leches nos estamos bebiendo!?”.

Cuando yo era pequeño, mi madre compraba la leche entera a un señor que nos la llevaba a casa desde su finca. “Yo esa leche de cartón no la quiero en casa”, decía, “cualquiera sabe los polvos que le meten ahí dentro”. Y yo pensé que exageraba, como si no supiéramos a estas alturas que todas las madres tienen razón. Con el tiempo, aquel señor dejó de venir al barrio a vender leche y mi madre, como tantas otras, tuvo que rendirse al Tetra brick. Entonces ella comenzó a comprar una marca y yo con el tiempo acabé imitándola. Al menos hasta el día que leí en el citado informe de la OCU que nuestra marca de leche tiene una valoración global de 42% sobre 100. O lo que es lo mismo, que le falta un 58% de calidad para ser lo que debería ser una leche. ¡Y eso es la leche!

Por el contrario, la segunda leche mejor valorada del país -además de ser una de las más baratas- es la marca blanca de una conocida cadena de alimentación nacional. En su etiqueta no sale un verde prado con vacas pastando libremente, ni un sol radiante, ni margaritas, ni la silueta de una muchacha ondeando un pañuelo al viento. No. En su etiqueta pone “leche”. Así, en grande. Pero lamentablemente, tenemos la costumbre de juzgarlo todo por su envoltorio. Una canción de la película de animación La bella y la bestia nos recordaba hace años que “la belleza está en el interior”. A ver si la vuelvo a alquilar.