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“No tenga miedo, es para comer”

Mohamed prefiere Tenerife II antes que seguir viviendo en la calle. | DA

TINERFE FUMERO | Santa Cruz de Tenerife

“Es una broma, ¿verdad?”, preguntó la cajera, recelosa, a aquel hombre de pésimo aspecto y mal olor que, tras esperar pacientemente la marcha del único cliente que había a las once menos cuarto del pasado jueves se dirigió a ella y le anunció, lacónicamente, que aquello era un atraco.

“No, que es un atraco. Mire, tengo un cuchillo”, respondió el sin techo que aquel día protagonizó un singularísimo atraco a mano armada en la sucursal de Cajasiete sita en la avenida de Las Palmeras, en Finca España (La Laguna).

Aunque un cuchillo de cocina no resulta especialmente amenazador, en manos de aquel indigente y después de su anuncio es lógico que la empleada mostrase instintivamente el terror que la embargó de súbito. Fue entonces, tal y como detallaron ayer fuentes cercanas a la investigación, cuando el hombre desveló su desesperado plan: “¡No se asuste, no tenga miedo! No le voy a hacer daño, es para comer! Lo que quiero es que venga la policía y me lleve a la cárcel”.
El protagonista

A Mohamed no le acompaña la suerte, pero resiste la tentación de hundirse en la marginalidad definitiva que acarrea consigo causar el mal a los demás.

Nacido en Jordania pero español a todos los efectos, Mohamed ha pasado la más reciente etapa de sus 30 años de edad en completa penuria, al punto que hace tiempo que su único hogar era un vehículo abandonado en la vía pública.

Precisamente, en esa versión infame de cochecama se encuentra el desencadenante por el que este vecino de Finca España decidió que ya no podía más. Las Fiestas del Cristo, que tantas alegrías despierta en los corazones laguneros, han dado la puntilla a Mohamed, ya que su celebración ha multiplicado la actividad de la grúa municipal y, así, se quedó sin su último techo. Sin lugar donde guarecerse y, sobre todo, sin fuerzas para luchar por la subsistencia un día más, decidió que era momento de tomar una decisión drástica.

En la mesa

En realidad, Mohamed nunca esgrimió el cuchillo. Se limitó a enseñárselo a la cajera y lo puso sobre una mesa.
Poco a poco se hizo entender, tanto a la empleada como al director de la sucursal, que satisfizo sus deseos y alertó a las autoridades de lo que sucedía.

En correcto proceder, los mandos del Cuerpo Nacional de Policía tomaron sus precauciones y desplegaron numerosos efectivos frente a la sucursal, interrumpiendo incluso el tráfico rodado en esa parte de la transitada avenida.

Pero al acceder al interior de la oficina hallaron a Mohamed sentado junto a la empleada y al director. En medio de ellos, una mesa en la que permanecía el cuchillo. Esperando, en definitiva, la llegada de los agentes para repetir, otra vez, que ya no podía más y que prefería estar en Tenerife II antes que verse forzado a robar, aunque fuera para comer.

Esa noche, Mohamed disfrutó de techo y rancho. Le costó nada menos que su libertad.