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el observador

Ahora, consenso y recuperación > Carlos E. Rodríguez

   

En términos económicos, el país se desliza desde la inquietud y el pesimismo hacia el desastre, sin que el Gobierno del inverosímil Rodríguez Zapatero parezca dispuesto ni a reconocer la realidad ni mucho menos a tomar la iniciativa necesaria de la promoción de un amplio y transversal consenso nacional en torno a un diseño de política económica que pudiera afrontar la situación y diseñar un plan ampliamente concertado para la salvación y recuperación de la economía española. El ambiente en los círculos económicos y financieros de Madrid ha empezado a pasar de la inquietud y el pesimismo abiertamente hacia el pánico y es preciso reconocer que las críticas de los sectores económicos y financieros se extienden ya también al principal partido de la oposición, al que se acusa de una estrategia sin la dureza suficiente para obligar al PSOE a reconocer y asumir la realidad de que el país padece el peor Gobierno desde el inicio de la transición y sobre todo, el primero que, en manos de un personaje de estremecedora insuficiencia intelectual y ética, antepone los intereses cortoplacistas de partido y de poder a los intereses generales de España.

Es verdad que se acepta por todos que el culpable de esta estremecedora situación no es el PSOE -un gran partido imprescindible para la política nacional y que cuenta, en sus filas, con excelentes dirigentes con talla intelectual y ética muy distinta y superior a la de ZP-, sino personalmente el político, incapaz y obsesionado por el poder y las prebendas del poder, que todavía permanece en La Moncloa, sordo al clamor transversal de la sociedad española. Incluso en la eventualidad, ahora mismo improbable, de que, tras las elecciones generales, el PSOE permaneciese en La Moncloa, es obvio que la política sería muy otra y que se abrirían espacios a esos consensos transversales que tan buenos resultados dieron a la España de la transición y que Rodríguez Zapatero rechaza por y sólo por inferioridad intelectual y sobre todo ética. Pero en los mundos empresarial y sindical de España hay, desde el pánico al riesgo de que pudiera prolongarse en algo la situación actual, un auténtico clamor, una exigencia de cambio que probablemente favorecerá en las urnas al candidato del PP, incluso a pesar de que se acepta por todos que nada tiene que ver un político de las condiciones intelectuales y personales de Alfredo Pérez Rubalcaba con el penoso todavía presidente del Gobierno. Así las cosas, la importancia de las ya cercanas elecciones generales excede con mucho el ámbito de la normalidad, por lo que cabe suponer que lo mismo Mariano Rajoy que Alfredo Pérez Rubalcaba van a echar el resto para explicar a los electores que, a diferencia del actual inquilino de La Moncloa, tienen un proyecto, una voluntad de convocatoria transversal y capacidad para gestionar una política de recuperación de la economía española. Y sobre todo, que, también a diferencia de Rodríguez Zapatero, no son prisioneros de complejos personales y de insuficiencias intelectuales y éticas.

En las urnas sucederá lo que tenga que suceder, esto es, lo que los españoles mayoritariamente quieran que suceda, pero este modesto observador está convencido de que, cualquiera que sea el resultado -aún deseando obviamente el triunfo electoral de Rajoy-, todo empezará a cambiar a mejor desde el minuto siguiente a que Rodríguez Zapatero salga del palacio de La Moncloa y con ello, vuelvan a entrar en ese palacio los grandes valores de la concertación y el consenso que hicieron posible el extraordinario éxito de aquella Transición que asombró al mundo. El principal problema actual de España, y por tanto de los españoles, no es la crisis económica, con ser y mucho un inmenso problema, sino que es, personalmente, ese personaje inverosímil, ZP, que hace imposible, por insuficiencia intelectual y ética, no sólo los consensos necesarios sino incluso el diseño de una política económica a la altura de la gravedad de la crisis. Dentro de algún tiempo, con España ya en senda de recuperación, al recordar la hora presente nos parecerá imposible que lo que ha sucedido pudiera llegar a suceder, pero volverán los grandes valores de la transición, los valores del diálogo y el consenso, y España recuperará una senda política razonable y una política económica coherente con la importancia objetiva de nuestro país en el contexto europeo. ZP será entonces sólo un mal recuerdo de las cosas que pueden llegar a suceder en política cuando faltan mínimos de calidad personal e intelectual. Es cierto que un país que ha tenido líderes políticos de la talla de Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo-Sotelo, Felipe González y José María Aznar no se merecía este viacrucis, pero a veces suceden estas cosas, incluso que un partido tan importante como el PSOE y con tan preparados cuadros dirigentes, sea asaltado y ocupado por un personaje como ZP. Lo que importa es que ahora vuelvan los grandes valores del consenso y que todos los dirigentes políticos, los de derechas y los de izquierdas, concentren armónicamente sus esfuerzos en una política seria y concertada para la recuperación de la economía española. Esto va a suceder, sin la menor duda y los tiempos angustiosos que estamos pasando serán pronto sólo un mal recuerdo. Así lo merece España, pero sobre todo, así lo merecemos los españoles.