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Ahora, vamos a dormir

   

INMA MARTOS | Santa Cruz de Tenerife

Hay métodos muy efectivos, pero los padres suelen desistir antes de lograr el objetivo. / SUJA

No es necesario encender el motor de una Harley Davidson para que tu hijo se duerma. Tampoco dar vueltas con el coche de un lado para otro hasta que cae agotado. Ni siquiera contar ovejitas. La adopción de la rutina del sueño no siempre es una tarea sencilla, pero con unas dosis de paciencia y, también, mucha constancia los padres pueden conseguir que los problemas para dormir de los niños desaparezcan.

Todos los métodos con sentido común funcionan, hay que escoger y aplicarlo. Después de la elección, “lo que falla es que se abandonan antes de conseguir el propósito”. La psicóloga infantil Yaiza Delgado, del centro Asarem, explica que “muchas veces mezclamos unos métodos con otros y cada día se prueba una fórmula diferente pero sin ser constantes con ninguna”.

Si a un bebé o a un niño le cuesta irse a dormir, pasarán al menos dos semanas hasta que cualquiera de las pautas por las que se guíen los padres funcione. Lo mejor es respirar profundamente, ser pacientes y tener una actitud muy positiva que también se trasmitirá al pequeño. Durante este tiempo, los primeros días serán peores que antes de empezar y los niños intentarán atraer la atención con llantos, rabietas y excusas. La psicóloga asegura que “en estos momentos, están intentando hacernos desistir del propósito, pero lo ideal, si se empieza, es culminar el proceso porque si no, es cuando el niño se hace un lío y no entiende qué debe hacer”.

Los motivos por los que los niños no quieren irse a dormir, o bien por los que se despiertan por las noches, varían con la edad. Lo primero que hay que descartar es que no se deba a una circunstancia médica, como una alergia, por ejemplo. Cada etapa debe tener su rutina relacionada, en general, con los baños y las comidas.

En cuanto a la fórmula en sí para acostar a los bebés y niños, el método más extendido en la actualidad es el de Eduard Estivill, quien propone visitar al niño cada intervalo de tiempo que se ampliará poco a poco, y no acudir cuando llore, sino cuando se ha calmado. El libro, que se llama Duérmete niño, según afirma su autor contiene pautas que funcionan en el 95 por ciento de los casos. Aunque tiene sus detractores, por ejemplo en la autora del libro Dormir sin lágrimas, Rosa Jove; esta última reconoce que el método de Estivill no tiene ningún efecto secundario, pero dice que es adoctrinamiento. El neurofisiólogo del Hospital Universitario de Canarias, Pedro Pérez y Yaiza Delgado están en la línea de Estivill. Pedro Pérez indica que un problema de sueño que persiste, se convierte en trastorno y, después, en insomnio crónico y apunta que es una situación que empieza a ser cada vez más común. Además, el neurofisiólogo afirma que “la laxitud o, en muchos casos, la comodidad de los padres, son la causa más frecuente de este problema”. Pérez apunta que “en EE.UU. se está extendiendo la nefasta práctica de dar somníferos para niños porque se busca la solución más sencilla”.