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Manuel Iglesias

Alpidio y la extraña alianza

   

En el Cabildo de El Hierro el consejero antes del PSOE y hoy no se sabe bien por quién, Alpidio Armas, en una extraña operación con el PP ha pasado a ocupar la presidencia de la corporación, en sustitución de la antes presidenta, Belén Allende, de AHI.

En principio, los cambios en las instituciones no son malos. Al contrario, uno de los principios en un sistema democrático sano es el del periódico relevo en el protagonismo en el poder, porque eso contribuye a traer -se supone- nuevas ideas e incluso permite aligerar el peso de los compromisos y de los intereses creados que se van generando en una actuación política prolongada.

Esto no significa que basta el cambio por el mero hecho de cambiar, sino, simplemente, que es uno de los componentes positivos del llamado “juego político”, incluso aunque el cambio sea de caras y de programas dentro del mismo partido, como pasa en ocasiones.

Pero es importante también las formas en el cambio. Porque estas alteraciones no pueden venir justificadas sólo por el interés propio de quienes ambicionan llegar a un cargo, sino incardinarse en una línea política que se ha presentado en su tiempo al electorado, diciendo qué se piensa hacer y cómo, para que el administrado sopese los datos y sea quien decida si le parece bien o no. Porque al votante consciente no le da lo mismo tirios que troyanos, ni es sólo una mera comparsa que se limita a votar para que luego el votado se sienta legitimado para hacer lo que quiera y con quién quiera. Es un desprecio ningunearlo de esa manera.

No es lo mismo el programa socialista que el conservador, ni es igual el pensamiento ideológico y la plasmación de éste en la acción. ¿Comparte el nuevo grupo mandatario, por ejemplo, los postulados del PP de reducción de funcionarios y de personal? ¿Poner o quitar impuestos? No se trata de que sea bueno o malo, que todo esto es opinable, sino que hay que decirlo en su momento y no presentarse bajo el paraguas del PSOE y luego plegarlo cuando el PP es el que les ofrece el sol que más calienta a su ambición personal. No vale decir que esas son cosas de la política nacional. Ni la deslealtad puede contener un premio.

Hay, evidentemente, traiciones a las ideas y a su partido, pero es en el lado del PP a los que menos se les puede acusar de ello. Seguramente los dos consejeros herreños se deben estar carcajeando continuamente con las peripecias de los otros y de cómo los manejan para, en definitiva, hacer lo que ellos han querido. Resulta lógico su buen humor. El presidente regional, José Manuel Soria, anunció que iban a “incendiar Canarias” o algo así, y están en ello. Pero en eso en el PP no engañan a nadie y de estas y otras operaciones, los populares sólo puede sacar beneficios porque están consiguiendo dividir y debilitar a sus dos adversarios, CC y PSOE, sin apenas coste para sí mismo. ¿No se van a reír?