X
retiro lo escrito >

Año y medio > Alfonso González Jerez

   

Los mercados (?) no parecen muy impresionados por la reforma de la Constitución española. No, francamente, no. El diferencial con el bono alemán escala a más de 360 puntos y las bolsas vuelven a renquear. Y eso a pesar de la compra por el Banco Central Europeo de deuda pública española e italiana por valor de miles de millones de euros. Aun más: la pasada semana los bancos centrales comenzaron a inyectar otra ristra de miles de millones de euros en bancos de la eurozona, en particular, alemanes y franceses. Como los fondos acordados para el nuevo rescate de Grecia no llegan, los bancos tenedores de deuda griega empiezan a jipear, pierden cotización en sus respectivas bolsas, no disponen de dólares para operar en el mercado financiero internacional. Mientras no aterriza la inmensa (e inútil) pasta en Grecia se rescata de nuevo a los bancos a los que la insolvencia griega ha colocado en situación precatatónica. En medio de esta gigantesca y onerosa chifladura a la reforma constitucional española nadie le ha prestado más que una mísera y fugaz atención. Al otro lado, por supuesto, más de lo mismo. Malditas marionetas del capitalismo financiero internacional.

Esto se arregla en un plisplás, como ha recordado de nuevo Ramón Trujillo: lo que hay que hacer es aumentar el gasto público. A los convencidos de esta tesis les importa un comino que no exista un duro en la caja, que la generación de nuevos recursos a través de deuda pública esté fuertemente comprometida por los intereses exigidos, que la salida del presente matadero no puede, en ningún caso, ser local, regional o nacional. En la mayor parte de los casos ni siquiera se refieren a inversión pública productiva, sino a gasto público, o se lanzan estúpidamente a comparar económicamente España con los Estados Unidos, pidiendo que aquí se articule en una semana un proyecto como el presentado por Barack Obama, que las izquierdas españolas travisten como un plan de estímulo económico, cuando se trata de un plan de reducción de déficit público.

Hace año y medio agoniza en las Cortes la reforma de la ley del Impuesto sobre el Valor Añadido, que permitiría a pymes y autónomos no tributar por el IVA de las facturas no cobradas hasta que se las abonen. Año y medio. Entre los que reforman en petit comité la Constitución y los que no se saben las cuatro reglas nadie se ha acordado de semejante minucia.