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Ceremonias de altos vuelos

   

NANA GARCÍA | SANTA CRUZ DE TENERIFE

Jonay González Siverio. / DA

Jonay González Siverio es un joven santacrucero con un don especial para tratar con animales. El secreto no es otro que tener en cuenta ciertas normas básicas de socialización, respeto “y mucha paciencia”. “No hay que mirarlo simplemente como un animal, sino como un ser vivo más”, advierte. Consciente de los privilegios de su vocación, este joven nacido en 1986 quiere convertir su don en profesión y para ello ha ideado una serie de actividades y “eventos” para “enseñar” a sus animales “a relacionarse con la gente”. Un ejemplo de está relacionado con la ceremonia del matrimonio: hasta siete parejas han contratado ‘los servicios’ sus palomas blancas de cola de gallo para llevar hasta el altar las alianzas colgadas en su cuello.

Aquellos que buscan la originalidad en un día tan señalado pueden contar con la compañía de estos pajes de altos vuelos. Eso sí, Jonay advierte que si los contrayentes se sienten violentados por el planeo de las aves, siempre pueden contar con la “presencia estelar” de su oca Laura María, que se ha convertido en uno de los personajes del verano santacrucero -sus baños cada tarde en el lago de la plaza de España y sus peculiares patucos han llamado la atención de muchos medios de comunicación, visitantes y curiosos.

La vista de Jonay paseando con sus animales (suele ir ataviado con un sombrero lleno de aves) por la capital se ha convertido hoy en una de las estampas más carismáticas del paisanaje santacrucero. Sin embargo, el suyo no es un comportamiento banal, dado que convertirse en adiestrador profesional es uno de sus objetivos en la vida. Con tal objetivo, cuenta que ha intentado sin frutos ser entrevistado por algún responsable del Loro Parque. Por el momento, tiene que conformarse con compaginar su trabajo de jardinería y mantenimiento con el entrenamiento de sus mascotas.

Aunque reconoce que su ‘fuerte’ son las aves, Jonay González comenzó a aprender los entresijos de la comunicación animal con perros hace diez años y desde entonces ha logrado compartir con ellos su entorno de una manera plena y equilibrada. “He descubierto que me hacen falta, son muy importantes para mí”, admite el joven tinerfeño que en la actualidad se está centrando en el adiestramiento de un cerdo vietnamita y pavos mocosos. Pasear en compañía de sus ‘amigos bestiales’ y estar en la naturaleza es el pasatiempo preferido de este vecino de Añaza. Convencido de los beneficios de la convivencia de los animales con los niños, Jonay González, quiere dar un paso más allá del simple exhibicionismo y tiene en proyecto “hacer visitas a centros infantiles y parroquias” para acercar a sus usuarios al proceso de socialización con sus mascotas y convertirse también en animador infantil. “Quiero prestar una pequeña ayuda a los niños”, con el objeto de fomentar sus hábitos comunicativos, “porque hoy en día están muy enganchados a la televisión y a los videojuegos”, dice convencido.

Adiestramiento

Jonay González luce en su currículum un certificado de cetrería que obtuvo en octubre de 2010 en Albacete de Cinca (Aragón), aunque manifiesta que la mayoría de las normas de educación que ha ido adquiriendo a lo largo de los años se han basado en “la observación” y la constancia. “Todos los días tienes que enseñarles lo mismo, y una cosa nueva”, apunta, al tiempo que chasquea los dedos para dar órdenes a Laura María. Es más, no suele poner nombre a sus mascotas, les llama “por silbidos y gestos” y una vez que los tiene entrenados los saca a la calle y deja “que la gente los bautice”. “Simplemente por pasar junto a la gente sonriendo y con ella (Laura María) al lado, consigo que sus caras tristes sonrían”, manifiesta este joven adiestrador de vocación que se ha recorrido las fiestas patronales de toda la Isla con su inseparable compañera, a la que ha llegado a ataviar con el traje típico. “Y ahora empiezo a ir a las procesiones”, avisa.

Lejos de encontrar problemas con las fuerzas de seguridad por pasear con animales sueltos por la vía pública, Jonay cuenta jocoso que más bien le paran “para sacar fotos”. Entre sus innumerables anécdotas, destaca una ocurrida en la playa de Las Caletillas, donde se encontraba bañando a su agaporni ante la atónita mirada de los paseantes de la avenida, cuando varios agentes de la policía local quisieron amonestarle por ello y se encontraron con la sorpresa de que las señales de prohibición únicamente restringían el paso a los perros.

Poco a poco, pasito a pasito la vocación de Jonay González terminará siendo su profesión, y su presencia en fiestas infantiles y barrios le convertirán en el hombre que sabía hablar con los animales.