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OPINIÓN > POR ANTONIO ALCARCÓ

De Rubalcaba, no me fío

   

El afamado escritor y periodista Francisco Umbral, consumado biógrafo y ganador de todos los premios imaginables, pasará a la historia por los sobrados méritos de su trayectoria profesional, pero también por legarnos la famosa frase “Yo he venido a hablar de mi libro”, que desde que fue pronunciada en televisión hace casi veinte años, no ha dejado de ser utilizada.

Porque claro, yo les querría hablar a ustedes, como se imaginarán, del libro del Partido Popular, el que me gustaría que leyeran todos los españoles, y desde luego los canarios, antes de las próximas elecciones generales. Un tratado de buenas formas en política en el que estamos plasmando las recetas de futuro que aplicaremos si los ciudadanos nos dan su confianza para formar gobierno.

Ese tomo, que aún no cita más nombre que el de Mariano Rajoy, el presidente honrado, serio y capaz que propondremos para timonear nuestro futuro, lleva escritos los pilares de una política económica basada en la creación de empleo gracias al apoyo a empresas, autónomos y familias, con contención en el gasto, refuerzo de la educación, políticas sociales, y reformas en el sistema financiero y en la enrevesada maraña burocrática que es hoy la administración.
En esta precampaña les hablaremos a ustedes de ese porvenir al que no hemos de tener miedo, de ese cambio que se adivina en el horizonte, en el que contamos con la capacidad de miles de mujeres y hombres que han demostrado que cuando cuentan con un buen gobierno, saben salir adelante.

Creo humildemente que no debemos renunciar a lo que hace avanzar a las sociedades, al deseo de cambio que algunos quieren apagar. Comenzaremos a escuchar en breve otro discurso, el que volverá a sacar la bandera del miedo, que tan bien enarbolan otros. Y me refiero a Alfredo Pérez Rubalcaba.

Les invito a reflexionar sobre el candidato del PSOE en estas próximas elecciones generales, no solo sobre su acción política, conocida por todos desde que ya en 1992 fuera nombrado Ministro de Educación, sino por una astucia y sagacidad a la que alude todo aquel que le ha tratado mínimamente.

Esas armas le sirvieron para integrarse en el entorno de Zapatero, el peor jefe del Gobierno que hemos tenido, cuando él fue una de las voces que se alzaron en 2003 en contra de su elección como secretario general del PSOE. Si no lo quería como líder de su partido, se imaginarán ustedes la gracia que podía hacerle que aquel diputado silencioso de León llegase algún día a presidente.

Pero llegó. Y nadie duda de que Rubalcaba fue de los que más trabajó, utilizando todos los resortes en su mano, para gobernar la estrategia que habría de obrar la hazaña en medio de la confusión de aquel mayo de 2004.

Supo despejar bien su camino, sin duda, porque se libró de todo rival a la sucesión de un Zapatero en declive, y pronto se convirtió en ministro estrella, con la Portavocía y la Vicepresidencia Primera, junto a la apetecible cartera de Interior. Todo con un Zapatero al que no votó como secretario general, y a quien, por tanto, no quería como jefe. Su relación con el caso Faisán, investigación judicial sobre la red de extorsionadores en el entorno de ETA, nunca ha sido totalmente aclarada. Esperemos que la Justicia sí lo haga.

Pero claro, de confirmarse las previsiones que hablan de un cambio político sin precedentes en España el 20 de noviembre, no me salen las cuentas. ¿Qué puede ganar Rubalcaba, todavía joven, con su nombramiento como candidato a una Presidencia que de antemano sabe perdida? ¿No hubiera sido más fácil para este estratega nato el dejar arder a otro en la pira del relevo de Zapatero, y reservarse él para, quién sabe, etapas futuras no tan negras para el PSOE?
¿Qué medidas para creación de empleo puede proponer quien ha integrado el Gabinete con la cifra record de cinco millones de parados? ¿Con qué cara pedirá el voto a los pensionistas que han visto recortadas sus pensiones por vez primera en la historia? ¿Puede hablar de austeridad quien ha participado de la quiebra de nuestro sistema de Seguridad Social? ¿Qué medidas explicará a los millones de empresarios que han cerrado sus negocios? Muchas preguntas y pocas respuestas para ofrecer. Dudo que a nadie pueda gustarle tener que comparecer ante nosotros, los ciudadanos, para defender los desaciertos del más antisocial de los gobiernos, del que formó parte durante más de siete años. Apostar por este candidato es, estoy convencido, apostar por hundirnos aún más en la crisis.

Ojalá no sea así, pero a los hechos me remito, y les digo que yo no me fío porque dudo mucho que Rubalcaba juegue a perdedor y venga a inmolarse públicamente. Y si no, recuerden ustedes a los tahúres del Mississippi, consumados jugadores que se guardaban siempre un as en la manga. Por eso no nos fiamos, porque el contrincante político ha demostrado sus artes en el pasado, y porque el verdadero resultado sólo está en las manos de los ciudadanos, verdaderos artífices del cambio. Será entonces, justo en el momento en que surja el discurso del miedo y los perros mordedores del pasado, disfrazados a saber de qué para la ocasión, cuando los vecinos, ya cansados de tanto timo, le dirán al tahúr que no distraiga la atención con pantomimas, que aquí hemos venido a hablar de un libro bien distinto.

Ya no estamos para bromas y es mucho lo que España se juega en estas elecciones generales como para dejar que nos quieran distraer de lo verdaderamente importante, que son las acciones que cada uno propone para reactivar una iniciativa privada fuerte y vigorosa que nos ayude a generar nuevos puestos de trabajo. Mariano Rajoy ya lo ha dicho.

Podemos confiar en la pujanza y el dinamismo de una sociedad como la española, como la canaria, que ha sabido trabajar muy duramente en momentos complicados, y se ha puesto a la cabeza de Europa cuando sus dirigentes lo facilitan. Habrá programa y habrá medidas que tendremos que poner en funcionamiento para que esto funcione. Mientras tanto, con el Partido Popular presentando a la sociedad los capítulos de este libro, el alquimista Rubalcaba algo trama en cocinas. Ojalá nos equivoquemos, pero acuérdense de lo que les digo: no me fío de quien nunca jugará a perdedor. Aunque de antemano sepa que sus opciones reales son las que son.

Antonio Alcarcó es senador del PP y consejero y portavoz del PP en el Cabildo de Tenerife