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Por Gustavo Santana Martel * >

Debemos unirnos todos

   

Quiero empezar este artículo con un párrafo del programa electoral del PSOE del año 2004, justo el que cerraba la introducción a la propuesta socialista de la reforma de la Constitución: “Reforma del Senado, inclusión en la Constitución de la denominación oficial de las comunidades y ciudades autónomas, referencia a la Constitución Europea y reforma de las normas de sucesión en la Jefatura del Estado para adecuarlas al principio de igualdad entre hombre y mujer”. Ésta, según el discurso socialista, debía ser aprobada no solo por los causes legales y constitucionales establecidos en el Congreso, sino, como mínimo, debía obtener el mismo apoyo social que recibió en 1978 a través de un referéndum; si no, no tendría sentido.

La España preconstitucional

Después de la evolución del concepto “constitución” a lo largo de la historia, que vino a dar orden y organización política a las naciones y a los estados, cabe identificar que existió un periodo preconstitucional, que en todos los casos daba margen a un escenario de exclusión y marginalidad que deterioraba las relaciones humanas y era origen de conflictos continuados.

Como elemento histórico, hay que añadir que los grandes avances constitucionales de los estados se produjeron después de las grandes revoluciones de la historia y de las guerras mundiales; la Revolución Francesa, la Independencia americana y las guerras mundiales. Ello llevó consigo que se propagara el espíritu constitucionalizador en muchísimos países del planeta.

En España, esta realidad se fraguo de forma tardía. La dictadura franquista, que azotó nuestro país durante décadas, dejó un escenario no solo de exclusión y marginalidad, sino de injusticia social, de persecuciones de diferente índole (política, religiosa, sexual), de pobreza, de analfabetismo, etcétera.

Era la España preconstitucional la que, con la muerte de Franco, albergaba la esperanza de comenzar un camino de unidad y de consenso, para cerrar tantas heridas producto de la Guerra Civil española y de la dictadura.

España necesitaba caminar hacia un nuevo modelo de convivencia donde nos identificáramos todos y todas, y desde ese espíritu, los padres de la Constitución entendieron que se debía ceder en algunas pretensiones por ambas partes.

Y ésa fue la esencia de nuestra Constitución de 1978, el consenso, pero también y con mucho más peso, la participación ciudadana. Y he aquí la importancia y la fortaleza del referéndum de 1978.

La ciudadanía española consolidó el modelo de convivencia que queríamos tener: una Carta Magna de principios fundamentales que nos introducía de lleno en la nueva sociedad del siglo XX, con el objetivo común de caminar y de construir juntos nuevas oportunidades para nuestra España de las autonomías.

Por eso, y bajo mi punto de vista, la Constitución pertenece a la democracia participativa, no a la representativa. Si no se celebra un referéndum para volver a consagrar nuestra Carta Magna, estaríamos ante un precedente histórico donde se desvirtuaría por completo el espíritu y la verdadera esencia de nuestro modelo de convivencia, y se dilapidaría por completo la legitimidad constitucional y el verdadero derecho de participación de todos los españoles.

Estado del bienestar

La Constitución Española trajo consigo la consolidación de una legislación y una serie de políticas sociales que se traducían en una atención primaria y en una educación gratuitas y públicas, derecho a un empleo y una vivienda digna, la Seguridad Social, las pensiones, etcétera. A la par que dejaba implícito en su texto el horizonte del pleno empleo o la justicia meritocrática respecto a las aspiraciones de todos y todas por alcanzar unos estudios superiores, cuestiones hasta entonces al alcance de unos pocos.

Para muchos autores, Keynes y Beveridge fueron dos de los economistas de los cuales partieron las grandes ideas y las bases del Estado del bienestar. Uno aportó las teorías económicas, otro las propuestas sociales. Y tanto uno como otro coincidían en que las verdaderas desigualdades tenían un origen económico, y hoy, precisamente, el único artículo que se quiere modificar de la Constitución se debe a motivos o fines inminentemente económicos, que, paradójicamente, es el único punto de encuentro entre el PP y el PSOE.

Pero hay que ser conscientes de que en España estamos bajo algo que se llama el capitalismo del bienestar, donde sigue primando el capital por encima del bienestar y donde, bajo este pretexto, se ha ido debilitando paulatinamente nuestro Estado del bienestar, donde lo que, en términos de estructura social, en nuestro país, mucho más allá de que el orden político ponga un poco de raciocinio en los grandes asuntos de nuestra soberanía, ha sucumbido y se ha plegado ante el mismo orden económico que nos ha llevado a un caos financiero y económico.

Y es que bajo mi punto de vista ya no existen los grandes liderazgos políticos, con el carisma y el arrastre suficientes, para no solo saber trasladar de forma nítida un mensaje ideológico, sino para asentar, con la legitimidad del apoyo popular, los grandes pilares del progreso, de la libertad y de la democracia.

Sin referéndum, no quedará nada

Lo digo categóricamente, y no es mensaje catastrofista, y estoy convencido y lo he expuesto a lo largo de este artículo de opinión: sin referéndum para poder cambiar el articulado de la Constitución, a la ciudadanía española no nos quedará nada.

Hemos asistido a un ataque bestial de los derechos más fundamentales de la Constitución en los últimos tiempos y nadie se ha inmutado; han ido recortando paulatinamente derechos históricos logrados a base de sangre, sudor y lágrimas, bajo la legitimidad representativa de las urnas, y por último, la dictadura de los mercados, ésos que tan solo se representan a sí mismos, apoyados en el brazo armado de Sarkozy y Merkel, que dirigen la política española, la que ahora desoye definitivamente a la soberanía popular de nuestro país, modificando nuestro modelo de convivencia y marcando el paso económico, introduciendo un aspecto neoliberal en la Constitución y rompiendo absolutamente los que muchos autores llamaron el pacto Keynesiano.

Consecuencias de la medida

Aplicar la medida propuesta por ambos partidos supone, además, la constitucionalización de una de las señas de identidad de las políticas conservadoras y neoliberales que han producido esta crisis, y bajo nuestro punto de vista, un grave riesgo para el mantenimiento de las prestaciones e instituciones básicas del Estado del bienestar.

Asimismo, la propuesta no ayuda, ni por el contenido ni por sus plazos de aplicación, a la necesaria reducción de los niveles actuales de déficit publico, que solo puede lograrse, sin deteriorar gravemente el tejido económico y social de nuestro país, mediante la promoción del crecimiento económico y el empleo, un justo reparto de las cargas de la crisis y un permanente rigor en el uso del gasto público.

Responsabilidad del PSOE

Imagino que en este tiempo preelectoral habrá muchos diputados/as del PSOE que estarán más preocupados/as en saber si repetirán o no en las listas electorales que en reflexionar por un momento sobre este proceso, mientras otros, a sabiendas de la magnitud de tal decisión, han decidido decir que hasta aquí se ha llegado.

Y yo lo considero un acto de responsabilidad, con la historia, con la Constitución española y con los ciudadanos, porque decir ¡así no¡ no significa ser un díscolo o un desleal, sino todo lo contrario: ser coherente con un modelo de pensamiento, con unos valores y con unos principios, que también son constitucionales.

Y, por último, un recordatorio, también del programa electoral del PSOE del año 2004, que es un posicionamiento ideológico que define claramente una postura; “Los españoles vamos a votar en referéndum -a iniciativa socialista- una Constitución para una Europa reunificada y con vocación irrenunciable de progreso, bienestar, democracia y paz.”

Es que a veces no está nada mal hacer algo de memoria y recordar que en política no se puede ser una veleta. Así que yo lo tengo claro, y por eso apelé a Chaplin y al fragmento final de su discurso en la obra de arte El Gran Dictador para el título de este artículo, ya que en esto no valen ni divisiones, ni el burdo juego de deslegitimaciones en el que hemos estado enfrascados durante los últimos años y que no ha servido para nada.

Y es que en nombre de la democracia y de la Constitución debemos estar unidos todos.

*Secretario general de UGT en Canarias