X
Por Leopoldo Fernández >

Ejemplo imitable

   

La Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha ha sentado ya precedente. Ha sido la primera autonomía en atenerse a los nuevos tiempos económicos, esos que algunos no quieren ver, que llevan inexorablemente hacia radicales ahorros y austeridades nunca vistas e incorporan inevitables recortes en el Estado de bienestar. Por mucho que los dirigentes públicos se llenen la boca con promesas de que los servicios sociales, la sanidad y la educación no van a sufrir la vorágine de la crisis, nada podrá ser igual en el futuro. Y si los políticos lo pretendieran, será a costa de disminuir otras partidas presupuestarias. Quiero decir que tendremos el Estado de bienestar que podamos pagarnos o, en todo caso, el que consigamos con más impuestos. Y punto. Ya pueden los sindicatos, o los indignados, o quienes defienden a ultranza el endeudamiento público para lograr mayores cotas de bienestar colectivo decir lo que quieran; se acabaron las políticas manirrotas, los años del gasto sin medida, los déficit alocados. Estamos en tiempos mortificantes y toca apretarse el cinturón en el ayuntamiento, el cabildo, la comunidad autónoma y el Estado; hasta en la familia surten efecto las apreturas. Por eso cuanto antes empecemos a aplicarnos el cuento, mejor para todos, aunque imitar lo que otros hacen, en este caso Castilla-La Mancha con su recorte presupuestario del 20%, no sea garantía de éxito. Pero por algo hay que empezar, ya que los discursos reiterativos no son otra cosa que buenas palabras y promesas de algo que, al menos en el caso de la comunidad canaria, no acaba de concretarse. No digo que haya que copiar lo que hacen otros, pero sí considerar las mejores soluciones -el margen de maniobra no es, la verdad, muy grande- entre aquellas que están al alcance de la mano. Seguro que sobran teléfonos móviles de altos funcionarios y cargos públicos, y coches oficiales, y viajes entre Islas, y publicaciones y gastos superfluos, y subvenciones poco justificadas, y liberados sindicales, y empresas, fundaciones y cargos y asesorías ocupados por amiguetes o compañeros de partido… No es fácil, no, recortar, pero hay que hacerlo cuanto antes mejor. Y pegar un tajo macanudo al tamaño de las administraciones, reordenando racionalmente sus competencias para evitar duplicidades y aun triplicidades sin cuento. Canarias debe más de 3.500 millones de euros y es hora de parar, de ahorrar y gastar mejor. De ser realistas y responsables para, manteniendo los servicios públicos esenciales, no ir proa al marisco. A nadie le gusta ofrecer sangre, sudor, esfuerzo y lágrimas, como proponía Churchill, pero es lo que viene y no vale llamarse a engaño.