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Manuel Iglesias

El 11-S también pasó por Canarias

   

Mañana se conmemora el décimo aniversario del ataque al World Trade Center de Nueva York y, como era de esperar, desde una semana antes el tema ha ido creciendo en los medios de comunicación hasta previsiblemente proceder a su culmen en las horas más significativas en que se cumple este “diez años después”.

Hay fechas que adquieren una trascendencia en la historia de la Humanidad, con mayor o menor relevancia, pero con gran importancia propia en cada caso y si, por ejemplo, según muchos historiadores la caída de Constantinopla a manos de los turcos en 1453 marcó el fin de la Edad Media, el 11 de septiembre de 2001 quizás fue también un punto de inflexión histórica, que alteró las relaciones entre naciones y pueblos y afectó a la vida en general del mundo, incluido, claro está, nuestro proporcionalmente minúsculo enclave de Canarias.

En las Islas por primera vez se tuvo constancia en el poder político y en muchos ámbitos de la sociedad, de la ubicación geográfica del Archipiélago que nos hace vecinos de dos países de abrumadora mayoría musulmana como son Marruecos y Mauritania y que este no es un hecho circunstancial, sino una realidad que está de manera permanente y con la que tenemos que buscar la mejor convivencia.

También, en un territorio alejado de su otra realidad política propia, la europea, las comunicaciones forman parte de nuestras necesidades básicas, tanto por uso mismo de los canarios, como por la influencia del transporte aéreo en una de las principales actividades económicas como es el turismo. Después del 11-S, volar ya no ha sido lo mismo y las medidas de seguridad se han convertido en un elemento obligatorio y molesto, que no parece que vaya a desaparecer, al menos en otros diez años.

Solamente detengámonos en considerar el cambio de mentalidad que se ha producido en los pilotos, antes imbuidos de la idea de que lo más importante era la vida de los pasajeros y de la tripulación, al concepto actual en el que lo decisivo es mantener el control del avión -para ello se ha blindado el departamento de los pilotos- por encima de la seguridad de las personas que vayan en el, para evitar que el aparato sea secuestrado y convertido en un proyectil que cause más daño. Esa idea es nueva y nació el 11-S. También va a cumplir diez años y ya se quedó entre nosotros sin que nadie se escandalice de la relativización de la vida humana, antes un valor único en sí mismo y que ahora cuantificamos de manera que con que mueran menos, ya se justifica una opción.

Para decidir si ha sido sólo un cambio de mentalidad o la introducción a una nueva era, donde casi todo lo anterior se derrumba, han de pasar más decenios y más generaciones, pero sin duda que para quienes lo hemos vivido, aquí y ahora, el 11-S del 2001, si miramos alrededor, si que transformó en algo o mucho nuestras vidas y no sólo la de los norteamericanos.