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Por Julia Navarro >

El dulce encanto de mandar

   

Me pregunto qué tiene el poder para que los políticos lo persigan sin importarles ni las circunstancias ni las consecuencias. Hago esta reflexión al filo de las manifestaciones y protestas que empiezan a llenar las calles de España. La reforma de la Constitución, los planes de austeridad, los recortes en el Estado del bienestar, la reforma laboral, etcétera, están provocando que la gente se movilice, que diga alto y claro que no puede más con esta crisis que arrastramos desde hace cuatro años. Al PSOE y a Zapatero les está tocando asumir unas cuantas decisiones impopulares que los enfrentan a su electorado y que están provocando que hasta los sindicatos, hasta ayer sumisos, se rebelen.Y si esto sucede con el PSOE no le arriendo las ganancias al PP si gana las elecciones el 20 de noviembre, tal y como auguran todas las encuestas. Zapatero y los suyos están haciendo una estricta política neoliberal siguiendo los dictados de los mercados y de las doctrinas más conservadoras en cuestiones económicas y, si el PSOE hace estas políticas, podemos imaginar que las del PP irán en la misma dirección. O sea, que las manifestaciones contra Zapatero pronto lo serán contra Rajoy, si es que gana las elecciones. Y, sin embargo, Mariano Rajoy quiere ser presidente, en realidad toda su vida política va a terminar confluyendo en el gran momento en que gane las elecciones generales. Ya digo que el poder debe de compensar porque imagino no un otoño caliente, sino un otoño, un invierno, una primavera, un verano y vaya usted a saber cuántos años más habida cuenta del calado de la crisis. Pero en el PP, aunque procuran contener la alegría que les produce los augurios de las encuestas, lo cierto es que se están preparando para el gran día, ese 20 de noviembre, en que pueden volver a recuperar el poder. Y se nota, sí, se nota mucho que están en vísperas de un triunfo anunciado. Se nota, por ejemplo, en los informativos de la tele, de todas las teles, ahora le hacen más caso que nunca a Mariano Rajoy. Se nota en los pasillos del Congreso, donde todas las miradas se concentran en el que puede ser el próximo presidente. Se nota en los periódicos, en la calle, en las conversaciones entre amigos. Es como si nadie dudase del resultado de las urnas, si lo que queda de aquí al 20-N no fuera más que tiempo de descuento. Peor el día después, sí, el día después de ganar las elecciones, que parece que las va a ganar, Mariano Rajoy se encontrará con un país harto de recortes, harto de cesiones, harto de esa política neoliberal que provoca dejar a la gente al pairo. Una política que no se le podrá reprochar sólo a él porque en realidad lleva dos años aplicándola el presidente Zapatero. Es decir, que la herencia que va a recibir Mariano Rajoy es como para salir corriendo y, sin embargo, ahí están él y los suyos esperando volver a mandar. La verdad es que cuesta entender de qué pasta están hechos los políticos, a los que no les importa, aunque sea meterse en la jaula de los leones, con tal de saborear el dulce sabor del mando.