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El dúo dinámico > Juan Julio Fernández

   

A veces una palabra, incluso mínima, puede cambiar el sentido de toda una frase o, incluso, alterar todo un comentario. Y viene esto a cuento por el de un amigo, que sigue siéndolo aún leyendo lo que escribo, que se refirió al sumario -creo que así se denominan esos párrafos que el director entresaca de un artículo para, destacándolos, intentar resumirlo o adelantar su contenido- del que vio la luz en este mismo diario el domingo 24 de julio, cuando estaba a punto de abrir el paréntesis veraniego que intento preservar.

Y, ¡vaya si cambió el sentido! Con el rótulo de El debate y las dimisiones comenté el descontento del candidato del PSOE, entonces Pepunto y ahora Rubalcaba, por la toma de posición en El País, con un comentario editorial y otro de Juan Luis Cebrián, propugnando un adelanto electoral el mismo día en que en el Congreso se iba a debatir la cuestión y a la que la responsable del Comité Electoral del partido socialista se manifestó contraria porque supondría “abrir un período de incertidumbre política”.

Y en el sumario aludido quien lo decidiera puso “Rubalcaba ha conseguido minorar la brecha abierta entre su partido y el de Rajoy”, omitiendo el ni con que yo encabezaba el párrafo: “Ni con su más refinada alquimia, Rubalcaba ha conseguido minorar…” y seguía el resto, para decir lo contrario.

Sí parece que sigue abierta la brecha, con incertidumbre política, desconfianza económica y sorpresa continua, a lo que ha contribuido Zapatero al convocar elecciones para el mes de noviembre cayendo en el error, puede que no calculado, de hacerlo con una antelación excesiva.

Con un mes de agosto prácticamente inhábil, el todavía secretario general del partido debió pensar en que en septiembre podría enmendar algunas de sus planas emborronadas y buscarse una salida más airosa, impulsando algunas reformas pendientes y que le urgían desde el exterior.

La más acuciante, sin duda, la reforma de la Constitución, al final acometida por la vía del artículo 167 y consensuada con el Partido Popular, imprescindible para poner un techo al déficit de las Autonomías y del propio Estado e impedir un gasto sin limitaciones y superior a los ingresos.

Y este acuerdo, que fue aceptado con la boca chica por el candidato, ha puesto en evidencia los inconvenientes de un anuncio electoral prematuro, que ha dejado al presidente del Gobierno obligado al candidato y a éste atado a quien todavía lo sigue siendo, al menos nominalmente, además de secretario general del partido, lo que se traduce en continuas contradicciones, no solo entre ellos, sino entre ministros del, en teoría, mismo gabinete.

La más sonada, por ahora, ha venido con la reimplantación del impuesto sobre el patrimonio, una de las banderas clásicas de la izquierda en su lucha contra los ricos y sobre la que Zapatero se refirió en 2007 en la campaña electoral, pocos meses antes de volver a La Moncloa, prometiendo que si ganaba las elecciones lo suprimiría porque es “un tributo que recae sobre las clases medias”, pero “no sobre las más altas” que encuentran fáciles mecanismos para eludirlo, en tanto que la supresión supondría “un estímulo para que en este país no se penalice el ahorro que representa el pago del impuesto”. Y al ganarlas, cumplió su palabra, porque consideró justa su eliminación.

Rubalcaba, agarrándose a un clavo ardiendo, obliga a Zapatero a dar marcha atrás después de que proclamara, durante el verano, que no habría subida de impuestos y a que ahora, para complacerle, diga lo contrario, un no va más a la hora de decir una cosa y, a poco y sin mover un músculo, la contraria.

Y el candidato, con más facundia, más agitación de manos y el mismo rostro pétreo, explica que este impuesto, que está en vías de extinción en Europa por regresivo -solo es equiparable el que se mantiene en Francia, aunque minorado-, en España es progresivo y no castiga a las clases medias y a los ahorradores, sino que es una contribución voluntaria de los que tienen más en favor de los que tienen menos. Y acto seguido rectifica con la guinda de que el decreto que lo repone está mal formulado, por lo que, de ganar, lo cambiaría.

Con el eslogan de Spain is different el entonces ministro Fraga atrajo turistas que para que ayudaran a traer la democracia.

Seis décadas después de buscar a toda costa la homologación con Europa para dejar de ser distintos, al Dúo Dinámico de Manolo y Ramón le ha sucedido el de José Luis y Alfredo, que nos sorprenden cada día con improvisaciones y sin que lleguemos a vislumbrar que nos van a cantar de aquí a noviembre.

Para J. B.