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DESPUÉS DEL PARÉNTESIS > POR DOMINGO-LUIS HERNÁNDEZ

El escritor y la muerte > Domingo-Luis Hernández

   

Primera historia:

Me lo contaron así: el hijo se acercó al padre con alborozado, le dijo “este es mi regalo de cumpleaños”, sacó el revólver que guardaba en la cartera y se disparó a la sien. Es un relato desmedido, claro, dado quién es el dueño de tal delirio. Por eso, que el padre, precisamente 26 años después, en 2009, publicara un libro sobre el suicidio del hijo no sólo es sospechoso sino que confirma la calidad del cuento visto.

En efecto, lo real es que Iván Langenheim Posse, que había nacido en el año 1967 y que esa mañana del 8 de enero del año 1983 contaba con 15 años, se descerrajó la cabeza con un disparo. En el año 2009, como he dicho, su padre, el escritor Abel Posse, explica el suceso en el libro Cuando muere el hijo (Emecé, Argentina). Según él, los hechos no fueron así; según él su hijo era feliz y querido y esa mañana de enero, en el que él y su mujer Sabine salieron a comprar en un mercado cercano de París (donde Posse detentaba un importante cargo en la Embajada), el niño tomó su colt 38, se metió en su cuarto y frente al escritorio se disparó a la cabeza.

Dos versiones. De las que se deduce que la cuestión no es dar pábulo a las excusas que el padre monta y que, más allá de aquilatar o no el sentido de la culpa, más allá de que el padre explique que el traslado de la feliz Venecia a la dura y maquinal París es lo que mató a su hijo, más allá de eso, cabe preguntar: ¿qué pude mover a un niño como aquel al suicidio?, ¿qué tipo de venganza pudo hacerlo merecer la muerte de aquella forma?, ¿qué deuda precisaba saldar? ¿La deuda que el niño Iván Langenheim Posse precisaba saldar era con el mundo o era con el padre? Abel Posse fue un escritor conocido en los años 80 y 90. Sobre todo porque, tras la invención de Alejo Carpentier en El arpa y la sombra, él se asomó a la llamada “nueva novela histórica latinoamericana” y montó un relato meritorio (Premio Rómulo Gallegos) que se llama Los perros del paraíso. Daimon también es meritoria, pero lo que da fe de lo que es Abel Posse en el mundo literario, lo que muestra los lazos con su ambición y con su lucha por imponerse en el mundo de la letras es La pasión según Eva.

Ambición y vida oscura es el signo. Sujeto singular, escritor singular, el tiempo ha revelado la carga pavorosa del colaboracionismo de Abel Posse con el periodo nefasto de la dictadura militar en Argentina. Y eso tuvo una especial incidencia el día 10 de diciembre del año 2009, un día antes de tomar posesión como Ministro de Educación de la Provincia de Buenos Aires, al que aupó el controvertido peronista Mauricio Macri. Ese día Posse manifestó, en un artículo para el periódico La Nación de Buenos Aires, entre otras cosas, que “Reprimir es una obligación del Estado”. No ha habido en la Argentina una reacción tan radical desde el día en que se supo que Abel Posse era el elegido para tal menester; y lo fue tanto por el dicho colaboracionismo como por su machismo o por sus desaforadas ideas sobre la juventud. Posse fue Ministro durante 12 días (del 11 al 22 de diciembre del año 2009).

¿El hijo es el culpable de la posición del padre o el padre fue quien marcó a fuego intenso el hueco de la bala contra el celebro del hijo con el colt 38 de su propiedad?

Segunda historia:

Me contaron que se reunió con su hija a comer y que en un momento de la velada sacó el revólver de la cartera y se pegó un tiro en la cabeza. La historia no fue así, como al parecer no fue así la primera historia que conté de Iván Posse. El asunto es que el que fuera menor escritor de lo que él dijera y quisiera ser, Juan Manuel González (1954-2008), no asumió que su distinción y sus logros personales y sociales fueran contradichos por su mujer al pedir el divorcio. De donde, y dado que él era lo grande que era y merecía el reconocimiento que habría de merecer (incluido el que nadie se moviera de su lugar si él no lo consideraba), tramó venganza. Un día en el que a su ex mujer no le pareció mal que el padre quedara para comer con su hija en la casa que compartieron, éste se presentó allí, comió y cuando le pareció oportuno se retiró al baño principal y se pegó un tiro en la cabeza. Para que (según su impudicia) la hija diera cuenta a su madre de lo que había perdido y la madre encontrara el cuerpo sin vida en el lugar del que (según él) nunca debió salir.

¿Qué encarnan las venganzas que hemos visto? ¿En la primera la condición apabullada del hijo que da motivos al ambicioso padre para que construya una lacerante “ficción” sobre su muerte?; ¿en la segunda la incapacidad de un pobre y engreído escritor para hacer ficción sobre el suicidio y que, como tal eunuco de la ficción, opta por machacar a su hija con el suicidio real en su presencia?

Es decir, nunca es peor el mundo pavoroso de las letras que el mundo aterrador de algunos vivos.