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Tomás Cano

El hombre prefiere querer la nada a no querer

   

¿Por qué? El hombre se va haciendo un sinfín de preguntas, tantas que podría llenar un océano con ellas: por qué hice aquello, por qué lo otro, por qué ayudo a los demás a soltar sus cadenas cuando yo tengo las mías que me sujetan, por qué no me libras de mis amigos, Dios mío, y yo ya me libraré de mis enemigos.

A medida que la vida transcurre, y en ese mismo devenir, el corazón se envejece y se va convirtiendo en una roca. De qué le sirve si al final está la nada.

Parecemos púgiles que intentamos andar y, al hacerlo, nos tambaleamos, porque de los golpes del destino nuestra cabeza esta ensangrentada. La muchedumbre a tu paso te sigue insultando.

¿Por qué llegamos a esta situación? Me lo pregunto y me lo seguiré preguntando, sobre todo cuando ya un hombre se tambaleó por nosotros con un madero a cuestas; dicen que por todos nosotros.

Nos dejamos la piel en esta vida. ¿Para qué si ya lo hizo otro por nosotros? Arrastramos pesos superiores a nuestras fuerzas, en nuestra vida cotidiana, cuando otro lo hizo antes por nosotros. Aspiramos a poseer la corona triunfal o laurea, en cambio la vida nos la da de espinas. ¿Para qué la queremos si otro hombre la llevó por nosotros?

El fundamento de todo es el tormento de saber; el hombre lucha contra sus pasiones o se deja llevar, pero el saber es un tormento.
Cuanto más leemos o sabemos, menos nos gustaría conocer y saber, porque en el fondo sabemos cuál es el final.

Y el final es siempre la nada y de nada nos sirve.

¡Oh vanidad de vanidades, anhelo de viento!, ya nos lo demostró el hombre que antes que nosotros, después de tambalearse por nosotros, dejó para la eternidad sus heridas en manos, pies y costado, para perdonarnos por querer la nada.