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Tomás González Sánchez-Araña *

El mayor cetáceo rescatado en Canarias

   

Recientemente se rescató el cuerpo de un cachalote de gran tamaño, doce metros de largo y once toneladas de peso, que apareció flotando frente a la costa de Los Silos y fue desembarcado por Garachico. El cachalote fue llevado al PIRS de Tajao y se tiene la intención de recuperar el esqueleto para exponerlo en el Museo de la Ciencia. Pero el cetáceo más grande que se ha recuperado en Canarias se encontró cerca de la Punta de Fuencaliente, en La Palma (1994). Era una ballena de la especie rorcual boreal que medía 18 metros de largo y tenía un peso de 36,5 toneladas, pesado por las grúas. También se llevó al PIRS de Arico y fue enterrada en cal viva con la intención de recuperar el esqueleto, que había que desenterrar antes de un año para que no se destruyese y exponerlo en el Museo de la Ciencia.

Desgraciadamente, el esqueleto del gigantesco cetáceo nunca se llegó a recuperar y allí, en el PIRS, seguirá hecho cenizas. Esperemos que en esta ocasión no ocurra lo mismo con este cachalote, que, aunque de menor tamaño, se debe conservar. El 26 de marzo de 1994 unos pescadores de La Palma notificaron a Salvamento Marítimo de Tenerife el avistamiento de lo que desde tierra parecía “un pesquero con la quilla al Sol”, como si fuese un barco de pesca trabucado, a dos millas al sudoeste del faro de Fuencaliente (La Palma). Se envió el helicóptero Helimer Canarias, con el comandante Joaquín Ortiz de Zárate (Tito), que informó de que se trataba de una ballena gigantesca de unos 20 metros de eslora, probablemente muerte hacía poco tiempo. Como se trataba de un peligro para la navegación, se avisó a la Armada para que la destruyese con artillería, pero en aquel momento no tenían allí un patrullero disponible. Se envió entonces al B/S Punta Salinas, que le dio remolque por la cola y la llevó en principio al puerto de Santa Cruz de La Palma, donde la Autoridad Portuaria alegó que el animal pesaba mucho más de 20 toneladas, que era la máxima capacidad de las grúas disponibles en el puerto. Además, no querían hacerse cargo del animal, que ya empezaba a oler mal. El Cabildo de Tenerife, con el consejero Lorenzo Dorta, estaba interesado en recuperar el esqueleto de la ballena para exponerlo en el Museo de Ciencias de la Naturaleza y el Hombre y solicitó al entonces jefe de Salvamento Marítimo que la trajesen hasta Tenerife.

La ballena fue remolcada por el Punta Salinas hasta la dársena pesquera de Santa Cruz de Tenerife, donde llegó en la mañana del 29 de marzo 1994. Se necesitaron dos grúas de 20 toneladas de capacidad para sacar a la ballena del agua, grúas que prestó de manera “desinteresada” don Arecio de la Rosa, que, por cierto, nunca pudo cobrar el servicio al Cabildo. En una gandola de 18 metros de largo, fue trasladada hasta el PIRS de Tajao y fue enterrada en cal viva para recuperar antes de un año el esqueleto y traerlo al Museo de la Naturaleza (antiguo Hospital Civil). Durante el traslado por la autopista hasta Tajao, se produjeron varios patinazos de los coches que circulaban detrás, porque la cola aceitosa de la ballena sobresalía de la gandola, que tenía 18 metros de longitud (la ballena, 20). Se daba la circunstancia de que estábamos en el puente de Semana Santa y el tráfico era intenso y los coches patinaban sobre la aceitosa vía. Pasó más de un año, fecha límite para sacar la ballena de la cal, y el Cabildo no hizo nada por recuperar el esqueleto, que, tras mucho tiempo enterrado en cal viva, se destruyó y se perdió la oportunidad de tener en Tenerife el esqueleto de la mayor ballena rescatada en Canarias.

* Capitán de la Marina Mercante