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Román Delgado

El peor enlatado

   

Creí escuchar anteayer que el Partido Popular quiere y confía en dar a los españoles 3,5 millones de empleos, cuando llegue al Gobierno (que lo tiene hecho, sobre todo, por cierto, debido al abundante paro); creí ver anteayer que esa insensatez salió de la boca del que parece más sensato (o del que se lo cree), del recto y adusto portavoz Esteban González Pons, el de las frases precocinadas y criogénicas: los platos de máxima calidad. Antes de seguir, les advierto de que no entiendo nada. O quizá sea mejor reconocer que sí, que lo entiendo casi todo: la política, esta política, no tiene solución y por eso apesta. Lo que dijo anteayer el portavoz más florido del Partido Popular acerca de lo que su formación política va a ser capaz de conseguir con el paro en España es una memez en toda regla, pura palabrería e incluso mensaje que hiere hasta al menos dotado intelectualmente. Entiendo que los que más mandan en Génova, que hay muchos y de todas las morfologías, ya habrán tirado de las orejas (que hay para eso) al señor don Esteban González Pons, el que ha conseguido, al pasarse de frenada, hacer un magnífico número de malabarismo (léase el ridículo): logró que la magia de la hasta aceptable demagogia se transforme en apestosa basura política, en propaganda de cloaca (como antes ya habían hecho otros, de todos los colores). Al señor González Pons parece que le importa poco el contenido de sus dardos envenenados, e incluso no sé, que acerca de su modestia tengo pocas noticias, si el día que dijo lo que dijo que parece que no le ha gustado a nadie se llegó a sonrojar. Yo me hubiera dado de cabezazos contra la pared, principalmente porque una carrera tan brillante en el uso de herramientas políticas de tanto valor como la demagogia y la retórica no se tira por la borda con fallos de chiquillo (léase de sobrado). Y recuerdo que el señor don Esteban González Pons confía, está seguro, muy seguro, de que el Partido Popular no sólo es capaz de alcanzar ese objetivo de creación de nuevos empleos, sino que además está seguro, seguro, de que se va a conseguir. Visto lo visto, desde esta columna aconsejo que el que no esté en la lista oficial de parados corra a inscribirse; que el que no sepa qué votar ya piense en esas siglas, y que incluso se empadrone en la provincia donde sea candidato este brillante portavoz nacional y responsable de comunicación del Partido Popular, que igual hasta tiene un trato preferencial. Total, que 3,5 millones de empleos no es nada y, si lo dice el PP, si lo dice su portavoz predilecto, todo esto se convierte en delirante minucia. Señoras y señores, el problema de España está resuelto: hay que votar al PP. Y luego…, pues lo que suele decir el prestidigitador: “Magia potagia”. Hay que ver… ¡Qué país!