domingo cristiano

El plan de la Diócesis: ¿hoja de ruta o basura? > Carmelo J. Pérez

Persistimos los hombres en la burda tentación de fabricar un dios a nuestra medida, tantos como sea preciso. Todos, de una forma u otra, participamos de ese desatino, que es como un cáncer para nuestro crecimiento en la fe. Es una innecesaria complicación que enturbia nuestra vida y oscurece a la Iglesia.

Nada nuevo estoy diciendo, y por eso es más peligrosa aún esta tentación nuestra. Son nuestros errores viejos los que terminan mezclándose con la esencia de lo que somos y desvirtúan totalmente aquello que predicamos.

Por eso, operación limpieza. La Iglesia en nuestras islas comienza un nuevo periodo de su peregrinar con la puesta en marcha de un nuevo plan de pastoral que pretende limpiar esa costra de la que hablábamos. Esta nueva hoja de ruta es una provocación para que repensemos la vitalidad de nuestra fe y la forma en la que la anunciamos y la celebramos. Aun desde la distancia, tengo yo muchas esperanzas puestas en el esfuerzo de dejar a Dios ser Dios en nuestros días y en la comunidad.
También pienso que a nuestros planes le sobra papeleo, palabrería y palabras repensadas para contentar la sensibilería de todos -que no las distintas sensibilidades-, folletos, reuniones para consensuar reuniones que decidan cuándo nos reunimos para establecer un calendario de reuniones… No quiero pecar de simplista, pero visto lo visto en otras ocasiones, nos encontrará Dios reunidos mientras el mundo galopa, no siempre en dirección a sitio alguno, pero al margen de nuestros andares. ¿No aprenderemos nunca?

“Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos”, dice hoy la palabra de Dios. Y no es una invitación a desatender los objetivos diocesanos y el itinerario propuesto. En absoluto.

Creo yo que en realidad viene como anillo precioso al hinchado dedo. Es decir, que es una llamada de atención a deshincharnos todos un poquito, a bajar la cabeza, a ser menos dioses y dejarnos conducir un poco más por el Espíritu de Dios.

Las reuniones están para motivar esa actitud, ya lo sé, pero se hacen eternas e inútiles cuando cada uno de nosotros no escucha personalmente una invitación del Dios que se deja encontrar.

¿Será que el olor a la tinta de tantos papeles que manejamos nos hace flotar hasta el punto de no caer en la cuenta de lo esencial, en que de nada sirven las respuestas si no hay preguntas, en que a ningún sitio vamos cuando el que va delante no quiere tirar del carro, en que los ritmos los marca la comunidad y no las expectativas de los que proponen metas poco realistas?

Me gusta que la palabra de Dios me recuerde hoy que el cielo es más alto que la tierra, que los caminos de Dios lo son más que los de los hombres. Es la motivación que necesito para dejar a Dios ser Dios en mi vida, para repensarme y volver a pensar mis actos. Es el origen de cualquier plan de pastoral. Y el que no lo vea, no puede ir delante.

Y sí. Me he leído todos los folletos de nuestro plan. Y sí, me parecen sumamente interesantes. Un buen mapa para quien esté en camino. Basura biodegradable para el que viene de vuelta de todo, ocupe el puesto que ocupe.

@karmelojph