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Pedro Calvo Hernando

El problema

   

El problema político de la España progresista consiste en optar entre lo que a muchos les pide el cuerpo -no votar al PSOE o no votar a nadie- y lo que les pide el alma -evitar que se produzca un triunfo, más o menos clamoroso, de la derecha-. Es verdad que la personalidad del candidato socialista es un elemento muy importante a favor de la tesis del alma, entre otras cosas porque las encuestas son tan unánimes en dar la victoria al PP como en minusvalorar al candidato Rajoy, desde luego por debajo de Rubalcaba. Hay un artículo de Gregorio Peces-Barba en El País de este martes, injusto con los indignados, pero que acierta en el asunto que planteo. Sobre todo en la predicción de que, si se ayuda a la victoria del PP, después vendrán las lamentaciones y los arrepentimientos. Es verdad que Zapatero y el PSOE pueden haberse ganado a pulso lo que en el 20-N seguramente les sucederá, pero eso no significa que sea inteligente y razonable la actitud de aquellos que vayan a contribuir sustancial y esencialmente a la derrota del socialista y a la victoria del PP. Y es verdad, como dice Gregorio, que la derecha nunca ganará si no es con los votos de los pobres. No los tuvo en 2004 ni en 2008, pero sí en 1996 y 2000. El 20-N puede ser la tercera vez en que los obtenga. Los gobiernos socialistas, con errores y flaquezas, trajeron componentes básicos de las libertades y del Estado del bienestar. La alternativa a esto es mucho peor.