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El retorno del Mencey > Manuel Iglesias

   

El Mencey ha sido más que un hotel en Santa Cruz. Por una parte era algo así como un club elegante y abierto, punto de encuentro de muchos que acudían con los amigos, para la copa después de la jornada de trabajo y hasta para la reunión casual de políticos con periodistas y “dejar caer” la noticia que interesaba o el chisme. Era también un enclave social en el que se celebraban grandes acontecimientos familiares, actividades empresariales y eventos culturales o gastronómicos.

Antes de que fuera cerrado para la remodelación, ya había comenzado su declive y perdió prestancia y nivel en sus salones y bares y confort y calidad de las infraestructuras en sus habitaciones. Lo mejor que le pudo pasar fue que venciera la concesión, para afrontar una remodelación que resultó para el nuevo adjudicatario una manzana con gusano. Porque se descubrieron vicios en la construcción que llevaron a transformar lo que parecía ser una obra de mejora en una reconstrucción casi total.

De eso se habló ayer en el propio Mencey, en un ambiente de obras, con taladros sonando no precisamente en la distancia, con el vicepresidente del Cabildo, Víctor Pérez-Borrego; el director general de Iberostar, Aurelio Vázquez, y el director del hotel, Daniel Cañibano, con el tema de la inminente reapertura, en una fecha simbólica: once del once del once.

Realmente, el nuevo Mencey va a ser algo distinto en sus posibilidades de lo que fue el anterior, no en el espíritu de ser “algo más que un hotel”, sino en sus instalaciones. Tiene ya un edificio de aparcamientos, que durante años fue uno de sus quebraderos de cabeza cuando se celebraban actos multitudinarios, habrá un spa, un gran gimnasio, menos habitaciones, pero más suites, diez salas y salones multifuncionales para los actos, la Casa Duque como lugar para actividades más especiales, un restaurante gastronómico y también un aula de cocina para cursos y demostraciones, etcétera.

Todo apunta a que el Mencey volverá a ser un punto de atracción y de muchas actividades sociales y empresariales locales, pero el gran reto de Iberostar va a estar en lograr para el hotel un efecto llamada para el turismo, algo que nunca cuajó plenamente. Claro está que no será para el visitante de “sol y playa”, pero sí para el creciente sector del turismo urbano, que acude a las ciudades buscando instalaciones hoteleras importantes y dotaciones urbanas como restaurantes y tiendas y actividades culturales, artísticas y hasta de “famoseo” .

Ahí el papel de las instituciones es fundamental, porque, como sucede con otro hotel emblemático del tipo del Mencey, el María Cristina, de San Sebastián, en Guipúzcoa, se produce una sinergia entre la infraestructura alojativa y la profusa actividad que se organiza en esta ciudad vasca, desde el Festival de Cine a las ferias, pasando por los congresos gastronómicos.

De momento, la fecha clave es noviembre.