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El socialismo, en la duda gomera > Manuel Iglesias

   

El PSOE de Canarias ha tenido en este 2011 su annus horribilis, por usar la expresión latina actualizada por la Reina Isabel de la Gran Bretaña, si se tiene en cuenta los sucesivos episodios por los que han tenido que pasar, desde la división en su interior, a la pérdida de la condición de partido más votado del Archipiélago y ser tercero (aunque lo han compensado entrando en el Gobierno), a los desleales que de pronto se alían con el PP a cambio de una teta en algún ayuntamiento o Cabildo y a un etcétera de episodios en que no fue menor el incidente en Madrid del senador por La Gomera Casimiro Curbelo, con unos policías, después de salir de un bar de copas donde ocurrió una trifulca.
Precisamente la posibilidad de que Curbelo vuelva a ser candidato del PSOE al Senado por la Isla, con la fundada impresión de que volvería a ganar ese escaño, ha traído una nueva discusión entre los socialistas, en los que unos defienden su derecho a concurrir y otros lo rechazan abiertamente.
Jerónimo Saavedra, por ejemplo, está a favor y ha dicho que no ve por qué un problema que ha sido de carácter personal ha de marcar para siempre la actividad pública de una persona. Otros añaden que el asunto en su parte judicial no ha sido resuelto, ni aclaradas las versiones contradictorias entre las partes, por lo cual, dicen, el exsenador tiene derecho a la presunción de inocencia y a no recibir una “condena” previa. Y hay quienes se remiten incluso al mismo atestado levantado por los policías donde la participación principal en los hechos la tienen otras personas y no Casimiro Curbelo.
Para otros, el mero suceso y sus características, al parecer con descalificaciones hacia algunas mujeres que se encontraban en el local y manifestaciones que podrían verse con algún contenido racista, aunque no hubieran sido del entonces senador sino de una de las personas que se encontraba con él, convierte el tema en un escándalo público que no se puede eludir como si no pasara nada, porque sí ha ocurrido.
Es, entre otras, la tesis en el entorno del candidato nacional, Alfredo Pérez Rubalcaba, al menos la que presentan oficialmente al exterior, en la que pesa bastante la opinión de sus asesores de que tienen que quitarse de encima un asunto polémico que lo iban a sacar continuamente en las ruedas de prensa y en sus intervenciones en radio y televisión.
Con Casimiro Curbelo de candidato, terminan mal hagan lo que hagan. Si lo defienden, lo crucifican por llevar en las listas a un personaje polémico. Si lo rechazan, se resaltará la contradicción del líder del PSOE de proponer al Senado a alguien que no quiere, pero que va.
Es un pantanal en el que no se desean meter. Y la víctima en este caso, sea más o menos culpable en lo ocurrido en Madrid, es Casimiro Curbelo. No por lo que hizo, sino porque otros estarían más cómodos con los periodistas si no les preguntan por él. Es tan simple como eso.