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Europa, al límite > Raquel Lucía Pérez Brito

   

El pasado domingo, en la reunión anual del Fondo Monetario Internacional, en Washington, la conclusión más extendida fue que Europa se encuentra al límite. No hay consenso para resolver los problemas y dar soluciones inmediatas. La prensa internacional se centra en las consecuencias que provocaría en la economía americana y en la delos países emergentes el supuesto de que Grecia no cumpla sus compromisos y termine arrastrando a Italia y a España.

Algunos analistas extranjeros reclaman al Fondo Monetario Internacional (FMI)que deje de tener un papel secundario. Desean que tome las riendas de la situación y lidere la gestión de la crisis, al considerar a Bruselas incapaz de ponerse de acuerdo y actuar rápidamente. Otros ven con buenos ojos que las naciones BRIC, es decir, Brasil, Rusia, India y China, sean las que rescaten a la zona euro en su conjunto. Hay que tener en cuenta que las exportaciones de Europa a esos países se encuentran en máximos históricos. Pero ni uno ni otro camino se deben tomar. Los europeos debemos resolver los problemas con nuestros propios mecanismos. El FMI debe ser un instrumento al servicio de nuestros objetivos; las exportaciones con los BRIC se deben afianzar incrementando la demanda de bienes y servicios que los europeos podemos ofrecer, pero, el aumento de las importaciones de capital de dichos países hacia Europa, sería una solución a corto plazo que nos dejaría en una situación peor que la actual, ya que los bancos centrales extranjeros tendrían que vender dólares para comprar euros, provocando que nuestra monedase fortaleciera frente a la moneda americana y por lo tanto, en el medio plazo, nuestras empresas se volverían menos competitivas, nuestras exportaciones caerían y el posible crecimiento de nuestra economía desaparecería.

Por lo tanto, lo que en el corto plazo podría parecer una ayuda que permitiría a la desesperada Europa tener más capital, en el medio y largo plazo sus consecuencias serían muy negativas ya que provocarían un crecimiento más lento o prácticamente inexistente, y mayor deuda externa. Es evidente que la conjugación de ambas situaciones no ayudaría a resolver la insolvencia de Europa. Por su lado, España también tiene que hacer sus deberes. Ya se han disuelto las Cortes Generales. Hasta ahora, las decisiones que el Gobierno de Zapatero ha dejado de tomar, por falta de consenso y/o por la proximidad de las elecciones y el tan temido costo político, deberán quedar a un lado para que, a mediados de diciembre, el nuevo gobierno sea capaz de actuar con rapidez. Es necesario hablar claro. Los ciudadanos deben saber: qué se va a hacer, qué metas se persiguen, los porqués y cuáles serían las consecuencias previsibles de caminar en una u otra dirección. Existe un recorrido de salida de esta crisis, eso sí, cada vez más estrecho, que permite el crecimiento equilibrado y sostenible en el tiempo. Los pasos deben ir encaminados hacia la recapitalización dela banca, el fortalecimiento del Fondo Europeo de Estabilización Financiera(EFSF), cortafuegos para casos como el de Grecia y la unión fiscal europea hasta alcanzar los “Estados Unidos de Europa”.

Tenemos que encontrar las soluciones dentro de nuestro continente con el apoyo del FMI y del Banco Mundial. En las próximas semanas se tomarán decisiones difíciles pero necesarias para garantizar el futuro del euro y de Europa. La austeridad como única vía no provoca crecimiento.

*Economista, abogada y licenciada en Ciencias Políticas | Twitter@errelu