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Leopoldo Fernández

Fusiones imposibles (I)

   

Pasó ya con la Caja Insular de Ahorros de Canarias (de Las Palmas) y la Caja General de Ahorros de Canarias (de Tenerife). No fue posible la fusión para fortalecerse recíprocamente y fortalecer a la región en la que operan; cada una se fue por su lado, la primera con Bankia y la segunda con Banca Cívica, dos nuevas entidades en las que inevitablemente, y por razones de tamaño, quedan subsumidas y pierden importancia relativa. Ahora, si Dios no lo remedia, se repite la historia con la Caja Rural de Canarias (de Las Palmas) y Cajasiete, antigua Caja Rural de Tenerife, con lo que Canarias acabará por perder su sector financiero autóctono por una clamorosa falta de visión de futuro en favor de egoísmos personales y provincianos de tres al cuarto. Quizás hoy algunos no sean capaces de advertir la enorme trascendencia de este colosal entreguismo a unos muy respetables y potentes, pero interesadas, utilidades foráneas en detrimento de nuestra propia independencia y de la defensa del tejido económico regional en su calidad de potenciador del desarrollo en todos los órdenes. No sé si los representantes políticos y empresariales canarios han hecho cuanto ha estado en su mano para evitar estas pérdidas irreparables; me consta tan sólo el interés del presidente Rivero, y del hoy consejero González Ortiz, pero doy por sentado que su capacidad de persuasión e influencia no ha sido suficiente, como lo prueba el sesgo de los acontecimientos. Ya sé que en un mundo cada vez más globalizado, a la hora de competir en mejores condiciones importa, y mucho, el tamaño de las entidades bancarias y de ahorro. Pero si se aspira, como es el caso, a una mayor integración no es lo mismo partir desde una posición de soledad y pequeñez que tras un proceso previo de entendimiento y acuerdo en los niveles inferiores. Quiero decir que tanto las cajas de ahorro canarias como las rurales pudieron y debieron fusionarse en sus ámbitos respectivos -incluso hubiera sido jurídicamente factible una unión regional a cuatro- para negociar después en mejores condiciones la eventual agregación a una entidad superior.

Ayuntamientos y cabildos son también corresponsables de lo ocurrido, porque no en vano sus representantes se sentaron en los consejos de administración de las cajas, de modo y manera que aquí nadie escapa de esta quema atroz de los intereses canarios. Y quede claro que pese a todo, desde Tenerife se hicieron los mejores y más sinceros intentos en favor de un generoso entendimiento con las cajas de Las Palmas, tal vez por la mejor posición objetiva de las entidades tinerfeñas en cuanto a depósitos, ratios y garantías. Pero de eso hablaré otro día.