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CRÍTICA > POR JOAQUÍN CASTRO

Guamasa

   

¡Qué verde es la lagunera Guamasa! Allí los amaneceres refrescan la tierra, pudiendo percibir ese olor tan característico de la hierba húmeda. Abundan las hortensias en todos los jardines, azules, rosas, moradas y blancas; las dalias multicolores, y las blancas calas. Cualquiera de las casas tiene un bello jardín, proliferan las madreselvas, bouganvillas trepadoras, rosales y azucenas. El Paseo de las Acacias forma un bosque en el que no se ve el cielo por su frondosidad.

El pasado 23 de agosto se celebró la fiesta litúrgica de Santa Rosa de Lima; la diversión sigue con los grupos folclóricos y atracciones infantiles. De mi libro Poemas de recuerdo y añoranza, en uno de ellos, hago un canto a Guamasa: “Caminito de Guamasa, cantos de era, de festejos y algaradas en la vega lagunera”. En recuerdo de las eras que habían en aquella comarca, donde a la vez que se trillaba los campesinos acompañaban el trabajo con isas y folías, un buen trago de vino fresco, con queso de cabra. Hoy casi es imposible ver esas estampas tan de nuestra tierra.

Otra estrofa canta del mismo poema: “Ventorrillos de carne, con sus perfumes de tomillo, cebollas y papas arrugadas y bueno vasos de vino”. Los ventorrillos casi no se ven, cuatro palos con unas sábanas de techo y pared, los olores que de allí salían aumentaban el apetito, era el adobo, no faltaban las cebollas de Guayonje y unas sabrosas papas autodate o kineguas, arrugaditas con mucha sal. No podía faltar el vino del garrafón con su manguera para servirlo, ya fuera de La Victoria, La Matanza o los caldos tacoronteros. Eran los estímulos de la fiesta, junto a los turrones de Santa Rosa y las almendras garrapiñadas, indispensables en las fiestas de Tenerife, de cualquier pueblo. En ellos se respira añoranzas.
¡Qué bonita es Guamasa! En mayo comienzan las fiestas veraniegas con la romería de San Isidro Labrador, de las más típicas de la isla. Carretas tiradas por yuntas de bueyes, al son de los aires de la tierra. Cabras y ovejas le siguen. Los rasguidos de guitarras se suceden, acompañadas de timples, hueseras y alguna que otra chácara.

Guamasa era un granel, trigo y chochos llenaban sus campos, junto con las papas y coles. Hoy día, aunque es otra cosa, se sigue conservando ese amor a su romería y en especial a su patrona Santa Rosa de Lima, la dominica gloriosa de América. Y la festejan con su procesión, que recorre gran parte de aquellos barrios, donde la santa es bien celebrada, cohetes y voladores, y las turroneras agazapadas bajo sus lonas de rayas rojas. Folías y saltonas, tajarastes y seguidillas, las mujeres y los hombres hacen con sus bailes verdaderas maravillas. Se respira el aire de tipismo de Guamasa ¡Que viva el alma canaria! Que viva Santa Rosa de Lima.

El escritor Juan del Castillo en su pregón de las fiestas el 27 de agosto de 1982 le dedica a Guamasa este bello párrafo: “Es uno de los más venerables arcones. Relicario de clásicas estampas de invierno, en que se mezcla el humo de las viejas casitas, con el aire limpio de los campos y un recio perfume destilado de la tierra misma. Porque en ningún sitio, como en la rica campiña guamasera, huele tanto la tierra. Un olor a tierra, un sabor a tierra, que nos hace recordar los versos de Miguel Hernández.