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Óscar Herrera >

Hidalgo caballero

   

El concepto de hidalgo (en castellano antiguo, y común en literatura) tiene su origen en España y Portugal y es sinónimo de noble, aunque coloquialmente se utilice el término para referirse a la nobleza no titulada. Esta semana hemos comprobado como un noble integrante de la plantilla del CD Tenerife salía del club por la puerta de atrás.

Antonio Hidalgo se despedía entre lágrimas escenificando el lloro de un puñado de honrados trabajadores de la entidad blanquiazul, que se han visto afectadas por el Expediente de Regulación de Empleo planteado por el club y aprobado por la Dirección General de Trabajo del Gobierno de Canarias. Son las lágrimas de la impotencia, de la injusticia de un ERE necesario ahora, pero evitable en su momento. Antonio Hidalgo pone rostro a esos anónimos trabajadores que han sido afectados por esta desagradable situación. A todos ellos, que los conozco personalmente hace años, mi solidaridad y cariño en estos momentos.

Pero volvamos a Hidalgo. El jugador catalán ha estado en diferentes etapas en el Tenerife, desde su llegada hace ya once años a la Isla de la mano de Santiago Llorente y bajo la batuta de Rafa Benítez, para formar parte de aquel gran equipo que asciende a Primera en Leganés.

Sus etapas en la entidad no han sido fáciles. Siempre fue criticado por un sector de la afición, que nunca valoró del todo sus cualidades futbolísticas. La grada le ha mirado y analizado con lupa, y en esta última temporada todo se alineó para salir como salió: descenso a Segunda B y rendimiento paupérrimo de una plantilla presuntamente capaz y realmente incapaz en la práctica.

Antonio siempre fue honrado, mejor o peor jugador, pero honrado y comprometido. Sus lágrimas no son de cocodrilo, son de rabia, de impotencia, de amarga despedida. No se le ha tratado con el respeto que merece cualquier trabajador, pero más aquellos que son honestos y profesionales. Se ha sentido utilizado y ha sentido que han jugado con él sabiendo que estaba dispuesto a cualquier cosa por seguir en el Tenerife y pelear por ayudar a recuperar la categoría perdida, pero no le han dejado. Eso es respetable, decisiones empresariales y punto, pero con otro talante, con respeto y claridad desde el primer momento.

Y no me vengan con que en fútbol los sentimientos se dejan a un lado. No hablo de sentimientos. Hablo de comportamientos y maneras, algo que alguno parece que lo deja en casa, en el trastero de las cosas que no se utilizan.