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mi amigo ciclano >

La Bolsa o la vida > Víctor Álamo de la Rosa

   

Ciclano estaba tan tranquilo, leyendo La trama del arquitecto, la estupenda novela de Juan José Delgado que se había presentado anoche en Santa Cruz de Tenerife (acéptennos un consejo: no se pierdan este libro publicado por Tropo Editores), cuando, según me contó, su esposa primípara encendió la televisión, aprovechando la pausa de la lactancia, y escuchó la noticia de un broker inglés que había desabrochado su lengua insolidaria para confesar lo feliz que estaba con esto de la crisis económica global porque se estaba enriqueciendo sobremanera con lo que hacía, esto es, especular y especular. No se cortó un pelo, me dijo Ciclano, en decir las obviedades que ya todos sabemos, perlas del estilo de que los gobiernos no son más que títeres en manos de los poderes financieros y que en el plazo de un año miles de ciudadanos corrientes y molientes, como tú, Ciclano, y como yo y como todos ustedes, perderían sus ahorros. El hombre, del que no pienso escribir su nombre (aunque Ciclano tampoco me lo dijo) volvió a hacer lo que mejor sabía, esto es, desestabilizar para sembrar la especulación y volver a mercadear con las más despreciables sombras del dinero. Ciclano me dijo que él prefería seguir creyendo en los mecanismos de la democracia y en la capacidad del hombre para seguir siendo hombre en vez de lobo feroz y agregó que no podíamos desfallecer y dejarnos vencer por el desánimo y el pesimismo. Y se puso a recordar épocas históricas bastante peores que la actual y después se puso todo poético a hablar de solidaridad y justicia y a reivindicar el papel de las masas de población. Dijo que no éramos corderitos dispuestos al matadero sino que podíamos cambiar rumbos y hacer revoluciones, gritar alto y cambiar inercias negativas. Yo, la verdad, lo vi tan convencido que no quise machacarlo con mi pesimismo, aunque le contesté que a mí más bien me preocupaba el paradero de palabras como alegría, optimismo, felicidad e, incluso, antiguas filosofías que nos hablan de que el hombre no debe alejarse tanto de la importancia de ser hombre, esto es, de ser humano. Ya nadie habla de estas cosas, parece que está hasta mal, y le dije que lo que habríamos de querer todos es un poco de justicia, y que si ese broker inglés es un sinvergüenza alguien tiene que llamar a la policía y detenerlo y encarcelarlo. Y después hacer lo mismo con su jefe, y con el jefe de su jefe, y después con el banquero oscuro y el terrateniente financiero de turno y así hasta enchironar a todos estos especialistas en hacer masacres financieras, que es el modo moderno de hacer guerras y asesinar a la gente. Así, cosas simples, esto es lo que queremos, nada más y nada menos que lo de siempre, es decir, ver en la cárcel a los chorizos y no convertidos en estrellas de televisión e internet. Y ahí Ciclano me dijo que sí, que empezara la poli por recorrerse las principales bolsas y meter a tanto ladrón en chirona. Nunca pensamos, ni Ciclano ni yo, que aquel famoso grito de los ladrones, “la bolsa o la vida”, debía entenderse como “la bolsa” y no la vida, pues, visto lo visto, los de la Bolsa son los que viven bien. Y digo yo, ¿por qué cada vez que oigo “las Bolsas” y “los mercados” me viene a la cabeza la cueva de Alí Babá?