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La ‘disyuntiva Curbelo’ del PSOE > Manuel Iglesias

   

La disyuntiva Curbelo es de esos aspectos interesantes en el panorama político, por las distintas posibilidades que ofrece la situación, derivada del ya sobradamente comentado incidente de Madrid y sus consecuencias no pasadas, sino futuras, ante la proximidad de la contienda electoral.

La cuestión inicialmente es simple: o Casimiro Curbelo vuelve a presentar su candidatura al Senado, o no concurre de nuevo a unos comicios que ha venido ganando cómodamente. Y vienen luego las líneas derivadas. En el segundo supuesto, que no vaya, surge el interrogante de quién puede proponer el PSOE en La Gomera, en estos malos tiempos, con la responsabilidad añadida de que sustituye al líder en contra de la voluntad de la práctica totalidad del partido en la Isla, que en su momento ha votado porque sea Curbelo.

Pero la posibilidad con más números es que el exsenador concurra, o bien de nuevo por el PSOE, o, si es vetado por la dirección nacional, como se anuncia en Madrid, por una alternativa independiente. Y la impresión en la calle, aunque no hay encuestas, es que ganaría los comicios tanto si va en un lugar como en el otro.

Y si participa como independiente, aparece un nuevo desvío del tema que conduce a otra situación, la que le surgirá al PSOE respecto a si, en tal caso, al partido le conviene presentar otra candidatura, la propia, o le vendría mejor no concurrir en La Gomera. Porque si se presenta, seguro que tendrá unos votos, aunque sólo sea por las siglas y la fidelidad a éstas de unos electores, pero que quizás no serían suficientes para lograr el escaño, y en su mayoría se restarían de los que podrían ir a Curbelo. Con el voto dividido, ¡quién sabe!, tal vez ni sale el socialista, ni sale Curbelo como independiente, con lo cual pasaría a beneficiarse un tercero, probablemente el candidato del PP.

Y no se trata sólo de dar a los populares un escaño más en el Senado, sino lo que esto representa económicamente para el partido por la asignación económica que se da a cada senador -o diputado- alcanzado y por los votos que ha obtenido, además de la aportación al presupuesto para el grupo parlamentario en función de que su número de miembros sea mayor o menor y del sueldo que el senador va a percibir durante los próximos cuatro años, una parte del cual se suele destinar a la financiación del partido. Aquí no se trata sólo de si vences o no vences, sino de si ganas o no ganas… en euros.

Y por cierto, para los que reclaman listas abiertas porque dicen que dan posibilidades a la gente de expresar sus preferencias más allá de la estructura de los partidos, precisamente la elección al Senado es así, se puede votar a la persona. Será interesante ver si salen los candidatos de los partidos de siempre o, como afirman los partidarios de ese sistema de elección, son otros los que ganan en esa oportunidad de poner la señal a quien se quiera y no a una plancha cerrada. Ya veremos.