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Por Tomás Gandía >

La educación y nuestra comunidad

   

Una de las vías de acceso de los individuos es la consideración de las influencias que hacen a una persona distinta de otra. Aunque resulta muy difícil llegar por este camino a la completa comprensión de la personalidad del alumno, es indudable que ayuda a adoptar una actitud menos dogmática para con él, si nos damos cuenta de la variedad y la fuerza de los influjos que le han acosado dentro y fuera, algunos de los cuales lo han formado y le han fijado limitaciones, en tanto que sólo han aportado características superficiales al organismo de su individualidad.

Los primeros es problemático alterarlos, pero los últimos podrían modificarse para bien o para mal, poniendo en acción otras contrainfluencias en la escuela o en la comunidad.

Los hechos relativos a las diferencias a nivel individual entre muchachos, tanto las inherentes y permanentes como las superficiales y mutables, complican el proceso educativo. Se ha dicho que “la mayor parte del desarrollo mental en la infancia obedece a la absorción inconsciente de ideas, a la imitación de las costumbres de los que rodean, formándose esa organización mental conforme al modelo de la comunidad en que se vive”. Las personas con quienes nos asociamos, los hábitos de la sociedad entre los que se nos ha criado, las escuelas o centros a que hemos asistido, dan una tendencia y calidad determinada a la personalidad. Lo que sabemos, nuestra disposición de ánimo ante las cosas que nos afectan, nuestros juicios acerca de la bondad y la malicia, la clase de mente que poseemos, en suma, la establecen nuestras relaciones sociales.

La palabra “comunidad” en sentido limitado constituye la gente con la que vivimos, nuestra vecindad, pero en sentido amplio abarca a todos aquellos que influyen en nuestra existencia, lo sepamos o no.

Esas influencias que los individuos y los grupos ejercen en la comunidad habrán de tenerse muy en cuenta en la educación. La escuela necesita de ellas para estimular y prestar equilibrio a sus propios sistemas, y también para multiplicar los lazos de su comunidad.

Una escuela progresista es distinta a otra cualquiera, y las diferencias obedecerían al hecho de que semejante escuela estaría constituida por los elementos aprovechables de los métodos y procedimientos didácticos de sistemas educativos anteriores, el estudio de la personalidad, el carácter y las facultades mentales de los alumnos que la integran, junto a la consideración de las influencias que ejerce la comunidad, y que se encuentra en acción fuera de sus paredes.