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Julia Navarro

La enfermedad del euro

   

El euro está herido de muerte sin que nadie haga nada por reanimarlo. Casi me atrevo a decir que en la historia de la UE nunca como ahora hemos tenido unos líderes europeos tan flojos, tan incapaces de dar respuestas rotundas a este huracán que se ha desencadenado contra el euro. Por si fuera poco, los actuales líderes europeos han adoptado como mantra el déficit cero a pesar de que cumplir con ese objetivo aquí y ahora está empobreciendo la UE y lo único que está provocando es más crisis, más paro, más incertidumbre. Ahí está Grecia al borde la quiebra mientras desde Bruselas se le exige un plan tan draconiano sin importarles las consecuencias que ese plan tiene sobre los ciudadanos. A Grecia la están empujando a salir del euro y, si eso sucede, el efecto dominó puede ser inmediato. O sea, que los días del euro pueden estar contados. En realidad, no se está haciendo bien la llamada construcción de la UE. Los mandamases de Bruselas nos impusieron una moneda única, que, sin duda, fue un gran paso, pero se olvidaron de que hacía falta otros mecanismos para que el euro fuera un éxito habida cuenta de que las economías y los fiscos de los veintisiete son distintos. Ahora nos encontramos al borde del abismo sin que los ciudadanos podamos hacer algo más que mirar a la señora Merkel e interpretar sus gestos y palabras como si ella sola tuviera la capacidad de salvarnos a todos. Y es que, salvo Merkel y Sarkozy, el resto de los líderes europeos son irrelevantes, y ni siquiera los dos primeros son tampoco unos genios. Pero quizá habría que preguntar en voz alta a quién molesta el euro, a quién conviene que el euro desaparezca, qué está detrás de este ataque en la línea de flotación de la vieja Europa. Sí, ya sabemos que hay una crisis financiera mundial, pero los ataques al euro son algo más. Así las cosas, llevamos todo el verano con la espada de Damocles sobre nuestras gargantas esperando que de un momento a otro nos anuncien que el euro está en fase terminal y que lo mismo volvemos a las antiguas monedas nacionales, lo que supondría un empobrecimiento inmediato, sobre todo de algunos de los países periféricos de la UE, por ejemplo, España. Lo peor, ya digo, es la sensación de que los actuales dirigentes de la UE no tienen la capacidad, el impulso y las ideas claras para evitar el desastre. Suya será la mayor responsabilidad si el euro muere.