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COMIENZO DEL CURSO 2011/2012 >

La escuela, su otra casa

   

Un poco remolones, pero al final los pequeños entraron a las clases. / SERGIO MÉNDEZ

INMA MARTOS | SANTA CRUZ DE TENERIFE

El tráfico arroja las primeras pistas de que algo empieza a moverse en la ciudad. En los alrededores de los colegios, los coches se aparcan en doble fila y se aprecia en las caras y los gestos de los conductores cierto nerviosismo. Hasta que empieza el curso escolar se puede conducir con cierta holgura en Santa Cruz de Tenerife, pero a partir de ayer, la vida parece ir mucho más deprisa.

Es el primer día del curso para algunos niños, el primero también de los muchos que pasarán en la escuela hasta completar su formación. Padres, madres y niños se reencuentran en la puerta de los Centros de Educación Infantil y Primaria. Algunos se conocen y comentan las vacaciones y todo el ajetreo que trae consigo la vuelta al ‘cole’: que “el material cuesta un ojo de la cara”, que “hasta octubre no hay que traer el baby”… Y quienes no se conocían, se saludan tímidamente, algo que seguramente repetirán durante los próximos nueve meses cada día.

Ayer, solo algunos niños de tres años entraron en su aula ya que, el llamado período de adaptación, sobre el que también comentan algunos padres, en su mayoría para quejarse, ha dividido en grupos las clases y algunos entran una hora más tarde, a las once y media, e incluso hoy, un día después. “A los padres que tenemos que trabajar nos viene fatal este plazo de cinco días”, comenta una mamá. “Yo he tenido que pedir a mi hermano que recoja al niño ”.

Los benjamines solo estarán una hora diaria con su nueva maestra hasta el lunes. Al resto de los colegiales les toca completar un horario de cuatro horas. Lo que queda de curso aun no se sabe, pero ayer parecían contentos de volver a clase, de ver a sus amigos y sus compañeros e incluso a los maestros, quienes también mostraban su alegría, aun con la piel morena de las vacaciones y los rostros relajados. Algunas madres acompañan a sus hijos hasta el aula, otros niños suben confiados con la persona que les acompañará durante cinco horas diarias. También los hay que lloran y se aferran a las piernas de sus padres. Comentan las maestras que “al cabo de un ratito de irse, a la mayoría se les pasa la llantina”. “No es bueno que las madres muestren angustia o preocupación ya que los pequeños tienen un radar y lo captan todo”, explica una de ellas”.

En las clases de Primaria, los niños están alborotados, pero es normal; hace tiempo que no se ven y hay que ponerse al día de lo acontecido en verano. Quienes empiezan en primero se sienten mayores, han pasado de nivel, y lo expresan con orgullo ante los más pequeños. Éstos, observan, investigan y revuelven el aula, algunos con más confianza que otros, incluso hay niñas que “querían ponerse en mi lugar”, bromea la maestra. Sólo hay juguetes porque el material escolar se va acopiando en la biblioteca hasta que esté el de todos y empiecen a usarlo.

La directora del Centro de Educación Infantil y Primaria Chapatal recorre los pasillos de un lado a otro supervisando que este comienzo de curso sea perfecto y así es, dice en la radio donde le están haciendo una entrevista. “Todo se ha desarrollado con normalidad, sin ninguna incidencia”.