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PAPAS & CHIPS

La jungla urbana > Elba Navarro

   

¿Recuerdan lo que les contaba hace unos meses de mi viaje a Nueva Orleans y el encuentro con el cartel de las serpientes venenosas? Pues bien, la cosa ha ido a peor. Cocodrilos, sapos y lagartijas gigantes sacados del mismísimo Jurassic Park invaden mi espacio vital sin ningún tipo de reparo, y eso, sin contar los mosquitos carnívoros, capaces de convertir a mi marido, de 1,98 metros de altura, en una paella valenciana para 20 personas, en menos de cinco minutos. Imagínense hasta dónde llega la agresividad de esos sádicos insectos voladores que hasta existen los mosquitómetros, a saber: aparato rústico que mide el nivel de caníbales voladores por metro cúbico. Claro, que si mi único problema fueran los mosquitos, viviría tranquila. Pero no, en Florida han tenido que instalarse los alligators, ¿perdón, qué aquí no tienen a los cocodrilos en una especie de Loro Parque americano con sus cristaleras y protecciones? Pues no, aquí son los reyes del mambo, y lo primero que te enseñan es que, si no quieres acabar convirtiéndote en su merienda, debes correr en zigzag para huir de los 75 a 80 dientes que hay en su hocico y que, por cierto, cambia a lo largo de su reptil existencia hasta llegar a los dos o tres mil, vamos ¡que éstos no usan Corega Ultra en la vida! Dicen, que la mejor defensa es un buen ataque, así que yo, para estar preparada, me fui a un restaurante a cenar cocodrilo frito. ¡Ala, quién da primero golpea dos veces!

Viviendo en Miami, comienzo a entender la obsesión de Walt Disney por dibujar bichos. Tiara y el sapo, por ejemplo. A la muchachita no la he visto, pero al dichoso sapo lo tengo todas las noches delante de la puerta de mi casa. Mushu, el amigo de Mulán, me espera por las mañanas al lado de mi coche para darme los “malos días”. Incluso hay unas abejas asesinas, que, según me han dicho mis vecinos, si te pican, vas directo al hospital. ¿Dónde ha quedado la pequeña Maya, por favor? Bueno, esta gente es un pelín hipocondriaca, todo hay que decirlo. Ayer tenían la casa cubierta por completo por una especie de castillo inflable (de esos que alquilamos para las fiestas infantiles). Al parecer es una técnica para matar a todo ser viviente que esté a los alrededores de la vivienda… Hombre, eso tampoco. Con que se muden a otro barrio, ¡me conformo!