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Por Rafael Torres >

La repulsión del dinero

   

Escribió John Stuart Mill que “la idea de una sociedad en la que los únicos vínculos son las relaciones y los sentimientos que surgen del interés pecuniario es esencialmente repulsiva”.

En efecto, la repulsión que se siente al ver los noticiarios de la televisión, dedicados casi exclusivamente al dinero, debe proceder de ahí, del tipo de sociedad que describen.

Pero cuando cesan las informaciones relativas al Ibex, a la Bolsa, al pie con el que ese día se han levantado los mercados, a la deuda pública, al índice de confianza, a las medidas de ajuste y a los pormenores de la grosera mística de la pasta, y empiezan las relacionadas con los políticos que deberían proteger a la gente de las conspiraciones dinerarias que alfombran la actual revolución de los ricos, entonces la repulsión es mayor, pues su sometimiento a ellas es absoluto.

Pero el fantasma de las desigualdades extremas, eso que se ha dado en llamar “desmantelamiento del Estado del bienestar”, vuelve a pasearse por un mundo donde todo, salvo la razón y la justicia, está permitido. Esperanza Aguirre, conspicua ultraliberal o como se llame al partidario de la política del sálvese quien pueda, lleva tiempo anunciándolo con gran aparato de clarines y atabales. Puesta a ahorrar, no reduce a la décima parte el gasto superfluo de su administración cantonal, burocracia y enchufados sobre todo, sino que pretende deshacerse de unos miles de maestros contratados de la educación pública.

Cuanto menos sepan los pobres, mejor, aunque semejante propósito fuera desterrado en las sociedades desarrolladas hace más de un siglo.

Ahora bien, pues se trata de una mujer congruente a su manera, no tendría inconveniente en gastar en policía lo que ahorra en maestros, en una policía autonómica, pretoriana, que mantenga expeditas de elementos subversivos, y con métodos expeditivos como es lógico, las calles de ese su predio llamado Madrid.

Lo peor, sin embargo, es lo contagiosas que son esas ideas, por llamarlas de algún modo. Todo el mundo habla de dinero, sólo de dinero. Triste tema de conversación, sobre todo para la mayoría, que no lo tiene.