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La seba, un ecosistema polémico

   

La mayoría de las especies de fanerógamas tiene hojas acintadas, como en el litoral de San Andrés. / DA

J. L. C.
SANTA CRUZ DE TENERIFE

Bajo el mar, en los fondos arenosos de muchos tramos del litoral canario, crecen unas praderas de plantas marinas con hojas alargadas que parecen bailar con el ritmo de las olas. Son los sebadales, también conocidos como manchones por algunos pescadores o, de forma general, como praderas de fanerógamas marinas. En los últimos años, estos ecosistemas se han convertido en objeto de trifulca política, dados los impactos y presiones que reciben. En concreto, la controvertida construcción del puerto industrial de Granadilla ha situado en el epicentro informativo a un ecosistema marino sobre cuyo valor ambiental y económico discrepan la comunidad científica y la Administración.

Por definición, las fanerógamas marinas son unas plantas parecidas a los céspedes terrestres, con flores y semillas, adaptadas a la vida bajo el mar sobre substrato arenoso o fangoso, con un complejo sistema de anclaje al substrato y un mecanismo de polinización muy especializado. A diferencia de las algas, presentan tejidos que forman raíces, tallos y hojas, los cuales desempeñan diferentes funciones. Del mismo modo, su reproducción se realiza mediante la formación de flores, frutos y semillas, que son dispersadas por las corrientes.

Debido a la alta energía que existe en los ambientes donde viven, la mayoría de las especies tiene hojas con forma acintada; los tallos son rizomatosos y, de trecho en trecho, producen gran número de raíces para garantizar un anclaje seguro en el sedimento. Las praderas que forman estas plantas marinas conocidas como sebadales han evolucionado a partir de ancestros terrestres en el Cretácico; es decir, sus parientes más cercanos son plantas terrestres de la familia de las gramíneas de hace unos 100 millones de años.

Para Alberto Brito, catedrático de Zoología y Oceanografía Biológica de la Universidad de La Laguna (ULL), “los sebadales constituyen un ecosistema marino muy importante por su alta capacidad productiva, por ser criaderos para muchas especies de peces e invertebrados, por el mantenimiento de la biodiversidad marina, por su papel en la regulación de la calidad de las aguas costeras y por la protección del borde costero”.

Indicadores de calidad

Además, según el experto, “son indicadores de la calidad ambiental del ecosistema litoral y, cuando comienzan a desaparecer, nos están señalando que algo va mal en el tramo costero”. El profesor de la ULL incide en que, por su valor ambiental y económico, estos ecosistemas han sido mundialmente considerados “prioritarios” para la conservación, y objeto de regulación y gestión en diversos países.

En la misma línea que Brito se sitúan desde la organización ecologista Ben Magec, quienes aseguran que “los sebadales en Canarias tienen amenazas evidentes, por lo que es necesario afrontar una política de conservación más efectiva y duradera”.

En la actualidad, se reconocen alrededor de 66 especies distribuidas por todas las zonas costeras del mundo, excepto en las antárticas. Se conocen cuatro especies de fanerógamas marinas en Canarias.

De ellas, la Cymodocea nodosa, que es la más común, se ha situado en el ‘ojo del huracán’ con motivo de la polémica aprobación del nuevo Catálogo Canario de Especies Protegidas.

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Treinta años de protección

El reconocimiento internacional de la importancia ambiental y económica de las praderas de fanerógamas marinas ha dado lugar al establecimiento de varias medidas legales en los últimos 30 años. En el ámbito europeo, el Convenio de Berna de 1979 protege las poblaciones de Cymodocea nodosa en el Mediterráneo.

Por otra parte, la Directiva de Hábitats incluye en su Anexo I los llamados Bancos de arena cubiertos permanentemente por agua marina poco profunda. Lo que en Canarias incluye el hábitat de Cymodocea nodosa y, por tanto, los sebadales. Sin embargo, a pesar de su importancia ecológica en las Islas, aún no ha sido catalogado como un hábitat prioritario por la Directiva. De hecho, de acuerdo con esta, en el Archipiélago se ha establecido una serie de espacios donde se pretende proteger el hábitat de los sebadales. Estos espacios denominados LIC (Lugares de Importancia Comunitaria) forman parte de la Red Natura 2000. Entre los LIC declarados por sebadales se encuentran: en Tenerife, la franja marina Teno-Rasca, los sebadales del sur de Tenerife, los de San Andrés y los de Antequera. En Gran Canaria, mientras, están los de la franja marina de Mogán, Bahía del Confital, Bahía de Gando, Playa del Cabrón, los de Playa del Inglés y los de Güi-Güi.

En la legislación canaria, la Cymodocea nodosa era una especie catalogada como “sensible a la alteración del hábitat” por el Decreto 151/2001, por el que se creó el antiguo Catálogo de Especies Amenazadas de Canarias, modificado el pasado año.

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