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Alfonso González Jerez

Legarde

   

El portavoz del Gobierno autónomo, Martín Marrero, ha asegurado que el gabinete sigue con preocupación los informes y pronunciamientos del Fondo Monetario Internacional (FMI), alertando sobre el inminente peligro de una recaída en la recesión. No dudo de la exactitud del señor Marrero, pero soy incapaz de concretar esa honda y diligente preocupación. ¿Cómo sigue el Gobierno los informes y pronunciamientos del FMI y de su directora, Christine Lagarde? ¿Por televisión? ¿Cuentan con un servicio de mensajería? ¿Tienen a quien llamar? ¿Disponen de intérpretes en inglés o francés? Uno está por pensar que el Gobierno, sencillamente, lee las estremecedoras de la señora Lagarde en los periódicos, como hacemos los mortales a la hora de tomar el barraquito.

-La Lagarde, chunga -dice González Ortiz al entrar en el Consejo de Gobierno.

-Yo le encuentro preocupante -asegura en un suspiro José Miguel Pérez.

-Eso quería decir…

-Ah.

-Ya nos iremos entendiendo.

-Si nos dejan tiempo…

Nuestros pequeños gobiernos autonómicos. Exageramos su capacidad, su poderío y su instrumental informativo. En realidad la nueva situación económica terminará influyendo en las relaciones entre los poderes públicos en general (y el Gobierno regional en particular) y la atormentada sociedad civil. Una de las características propias del Gobierno de Canarias desde finales de los años ochenta era su consagración como el principal asignador de recursos económicos en este país. Como los recursos presupuestarios del Gobierno de Canarias -y lo mismo ocurre con cabildos y ayuntamientos- se han recortado drásticamente, en una espiral que está lejos de haber terminado, su influencia política, empresarial e ideológica en la sociedad isleña se verá mermada en un futuro más o menos inmediato.

La sociedad canaria se ha empobrecido -y las ya lacerantes diferencias sociales se están ahondando cada día más angustiosamente- pero también lo han hecho las administraciones públicas y eso afectará más temprano que tarde al nivel de intervención (y de intervencionismo) de los equipos políticos que las dirigen. A Lagarde no tienen otra forma de seguirla que con preocupación.