X
El dardo >

Llega el gas > Leopoldo Fernández

   

Hace unos días se anunció que la treintena de socios industriales canarios que poseían el 41,94% del capital de la Compañía Transportista de Gas Canarias, SA (Gascan), ha vendido su participación a la Empresa Nacional del Gas (Enagas), a falta de las autorizaciones administrativas y de Competencia. Endesa mantiene su participación del 47,17% y Sodecan (Sociedad para el Desarrollo Económico de Canarias, empresa pública del Gobierno autonómico), el 10,88% restante. Es una pena que los empresarios canarios de Gascan hayan tirado la toalla, más que por hacer caja, a causa de los problemas que suscita la implantación del gas en Arinaga y Granadilla, y los líos con esta última infraestructura, con la consiguiente actividad mortecina de la empresa.

Enagas, participada por el Gobierno español, varios bancos y cajas y destacados fondos internacionales, es una firma fundada en 1972 que actúa como gestor técnico del sistema gasista nacional y como transportista exclusivo entre los 9.000 kilómetros de la red de gasoductos peninsular. Dispone de tres plantas de regasificación y una de almacenamiento. En cuanto a Gascan, su objetivo social es la construcción de sendas plantas de regasificación en los dos puertos citados, cada una de las cuales contará con un tanque de almacenamiento de 150.000 metros cúbicos y un atraque para buques metaneros de hasta 145.000 metros cúbicos de capacidad. El proyecto de Tenerife, que desde 2007 tiene aprobada su declaración de impacto ambiental, se estima que costará unos 270 millones de euros. Además, Gascan deberá construir un gasoducto que conectará Granadilla con su polígono industrial y el de Güímar, más los municipios de Santa Cruz y La Laguna, Arona y Adeje. Con ello, el gas natural licuado, que es una de las fuentes de energía más limpias y baratas, llegará hacia 2015 a la central de ciclo combinado de Granadilla, así como a la industria, al comercio y a las casas de los ciudadanos, y sólo en generación eléctrica permitirá un ahorro anual de unos 300 millones de euros y de un millón de toneladas de anhídrido carbónico lanzadas a la atmósfera, según un estudio de la Universidad de La Laguna.

El propio Gobierno canario estima que la implantación del gas natural en lugar del fuel o el diesel diversificará las fuentes energéticas, generará nuevos empleos y permitirá cumplir el Protocolo de Kioto. Por eso sorprende la obstinación de algunos ecologistas contra el gas cuando se trata de una de las fuentes de energía menos contaminantes, salvadas, claro está, las energías alternativas -eólica, fotovoltaica…-, que por estos pagos siguen más que en el limbo y parecen el sueño de nunca alcanzar.